viernes, 6 de junio de 2025

"Lo que habita en ella"

Desde niña, ella supo que sería distinta. Su madre lloraba, su familia discutía y luego se abrazaba.  Ella los miraba como si estuvieran actuando una obra de teatro barata y mal dirigida. Había en esa casa una escena para cada emoción, y ella no se creía ninguna. No sentía nada. Ni apego. Ni ternura. Ni ese amor viscoso que tanto repiten en las películas rosas. Se adaptó. Imitó. Aprendió muy rápido cómo fingir empatía, cómo decir “lo siento” con el tono justo y en el momento adecuado. Siempre supo que decir a quien para lucir empática, sin serlo.  Nadie lo notó. O no lo dijeron por miedo o sencillamente era una escena màs de la gran obra familiar.

... Ahora que es mujer camina por el mundo sin peso en la espalda. Con la energía de alguien que no ha vivido un solo día bajo el peso de la culpa o el arrepentimiento. Ni culpas, ni miedos, ni dudas. Sin ansiedades ni preocupaciones "reales"... Una mujer que se despierta, baja el pie izquierdo y el primer paso lo da con el derecho, como si el mundo le debiera algo, y obvio, sale a cobrarlo. Cada día es suyo. No tiene miedo, no le inquieta el qué dirán ni el qué sentirán. No carga con mochilas, ni propias ni ajenas. Una mujer sin grietas, sin quiebres, sin necesidad de explicarse ante nadie. Vive como un animal elegante y frío: siempre alerta, nunca herida.

Si algo le gusta, lo toma. Si alguien le incomoda, lo aparta. Si tiene que mentir para sobrevivir o ganar, miente con naturalidad extrema.

Desde temprano supo que lo que los otros llaman "amor" no es más que una actuación orquestada a favor propio, un sentimiento egoísta en el cual cada quien da de modo medido lo que desea recibir del otro. El amor no es màs que un trueque, pero los corrientes temen admitirlo.

También descubrió que el dolor era un hábito social, con la única intención de crear empatía o en el peor de los casos, lastima. Y en el màs astuto,  tender redes de apoyo y colaboración en el cual todos gustosos caen.

Que el miedo era una jaula para débiles. Y que las victimas son los victimarios de quienes creen en sus llantos.

Ella, por su parte, no se encierra ni se doblega. Algunas veces finge hacerlo pero su alma no fue moldeada con emociones blandas, sino con una lógica filosa, implacable, por una herencia paterna maldita, pero conveniente.

Creció fascinada por lo que otros temen: el crimen, la violencia, el peligro y el deseo sin límites. Amó hombres que vivían fuera de la ley. No por necesidad, sino porque su vida era real, sin hipocresía. Ellos tampoco pedían permiso para existir. Igual que ella. Algunos vendieron drogas, otros mataron. Y no se escandaliza ante la oscuridad, más bien se aburre por la falsedad, lo rutinario y lo predecible.

No siente como se supone que debería. El llanto le irrita. El sufrimiento ajeno le resulta un ruido molesto. Le incomodan los débiles, los tristes, los preocupados por la muerte. No es que los desprecie. Es que no los entiende. No le interesan. ¡que salgan de su dolor, si pueden!

El afecto, si lo da, es una estrategia. Todo en ella tiene un fin o un móvil. La ternura, si la muestra, una herramienta. 
Sabe muy bien cómo leer a la gente, cómo dar lo que quieren oír, cómo fingir una mirada de consuelo que abra puertas y baje defensas. 
Si alguien cae en sus redes, no es su culpa. Es su ingenuidad. 
Ella no engaña; los otros se dejan engañar (y les gusta ser engañados), por ende, no es su responsabilidad.

Tiene un cuerpo despierto, deseable. La sexualidad en ella no es conexión. Tampoco entrega. Es un mecanismo de poder y una herramienta de comunicación. 

Su cuerpo, fuego que consume sin quedar atrapado. Ama lo que desea y lo desea todo lo que no está atado. No siente pudor por tomar lo que cree suyo. Va por la vida sin pedir permiso. El sexo no es afecto, es poder, es vitalidad, es territorio conquistado.

La acompaña lo neutral.  Una figura constante, presente, que no despierta nada en ella, pero que ocupa su espacio con utilidad, aun cuando su alma le pertenece al caos, al deseo sin censura. 

Y más allá de todo, existen dos presencias que sí significan algo: sus dos posesiones preferidas, que palpitan fuera de su cuerpo. No siente por ellas un amor convencional. Lo que siente es más feroz, más instintivo, más inquebrantable. No es dulzura, sino fuego. En ellas no hay máscara. Por ellas podría destruir sin pestañear. Por ellas se mantiene firme. Aunque no sepan cuánto de ella está escondido.

Esta mujer no sufre. No se agota. No se abruma. Su mente es clara, su voluntad firme. No se corrompe màs allá de su propia e innata corrupción. No se desgasta con lo que arruina a otros: la culpa, el miedo, la inseguridad. No hay remordimiento en sus decisiones. Utilizar a otros no le quita el sueño. Manipular, tampoco. Si puede sacar ventaja, lo hace.  Si puede aprovechar una oportunidad, la toma. Si debe mentir para sobrevivir, miente. Si algo se interpone, lo aparta. Y si el mundo se confunde con sus gestos amables, no es su culpa. Repito, es ingenuidad y sobre esto, carece de control.

 
Es muchas cosas, siempre llena de etiquetas, pero nunca de víctima.

La han llamado por nombres clínicos. Etiquetas que intentan encerrar lo que no encaja. Limítrofe, psicópata, antisocial. Palabras que otros necesitan usar para sentir que comprenden lo que les perturba. Pero no la ofenden. La explican, quizás. Y no la encierran.  ella no está rota. Está despierta y está bien. 

Más despierta que muchos que viven dormidos dentro de sus emociones.

No busca redención. No necesita amor. No quiere ser entendida. Solo quiere que el mundo sepa que existe otro tipo de fuerza. 

No todos los seres sentimos. Una que no llora. Una que no duda. Una que no ama, pero tampoco se traiciona. Y eso no la hace menos humana. Solo la hace diferente.


Ella es lo que habita en el silencio de quienes ya no creen en los cuentos. Y aunque camina sola, nunca está perdida. 

Es lo que otros no se atreven a admitir que podrían ser, si dejaran de tener miedo.

Porque en su mundo, la brújula apunta siempre hacia ella misma.

Y en el mundo hay muchos otros igual a ella. 

Se mimetizan, se mezclan…
Solo quiere que sepas que existe.

Y que no la vas a reconocer…
hasta que ya sea tarde.

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