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viernes, 4 de julio de 2025

La carta que mi padre nunca me escribió.

Hija mía,

Nunca pensé que escribir estas palabras me fuera a resultar tan difícil. No por vergüenza —aunque la tengo— sino porque sé que durante años fui un hombre que destruyó en vez de construir y formar, que hirió cuando debía proteger, que calló cuando más necesitaba hablar. Y sobre todo que supo estar ausente, cuando se requería mi presencia.

Si estás leyendo esto, es porque ese daño que causé te sigue doliendo. Y quiero, aunque no borre nada, al menos mirarlo de frente por primera vez.

Te fallé. Le fallé a tu madre. Le fallé a tus hermanas. Le fallé a mi segunda esposa. Y también me fallé a mí mismo. ¡Y hoy día pese a tanta perdida, despedidas, vacíos, duelo y dolor, sigo haciendo lo que mejor se hacer, fallar!

Te fallé de la forma más profunda que puede hacerlo un padre: abusé de tu inocencia, te marqué el alma siendo apenas una niña, y luego lo negué. Como si al negar lo sucedido, desapareciera el horror. No desapareció. Vivió dentro tuyo, y yo me negué a reconocerlo. Lo he negado de modo infinito porque la realidad es demasiado horrenda para enfrentarla de frente. Fue mucho más fácil para mi tildarte de loca, mentirosa, dramática y exagerada. Y aun hoy día, tengo familiares y amistades que me creen y te siguen condenando de modo injusto, poniendo en tela de duda lo vivido y cuestionando tu reacción, no lo que yo provoque con mis actos.  

Golpeé a tu madre cuando lo único que ella merecía era respeto.

Traicioné su confianza, la humillé, y lo hice muchas veces. No por "estrés", ni por "problemas", ni porque ella “lo provocara” como cobardemente me convencí y justifiqué a través de mi discurso de odio ante quienes me quisieron escuchar. Lo hice porque tenía violencia dentro de mí, y nunca tuve el valor de enfrentarla. Ella no era mi enemigo. Y, sin embargo, la traté como si lo fuera.

Fui infiel, mentiroso, hiriente. Desleal y con una grandiosidad difícil de manejar. Critiqué, destruí, abandoné. No supe ser padre. Ni para ti ni para tu hermana… ni para tus otras hermanas que llegaron después. En vez de cuidarlas, las llené de miedo, de dudas, de palabras ásperas, de carencias emocionales que hoy pesan en cada una de ustedes. Y pese a tanto daño y daños, son mujeres de bien.


Tampoco fui justo con mi segunda familia. Les prometí un nuevo comienzo, pero llevé el mismo infierno a cuestas conmigo. Nunca les di seguridad, ni estabilidad, ni afecto real. Y lo peor: creí que bastaba con estar presente a medias, con esconder mis faltas, con justificar mi ira, con degradar a sus madres. No bastaba.

Y cuando todo colapsaba, siempre encontré una forma de culpar a los demás. A tu madre. A ti. A mis parejas. A la vida. Nunca tuve el valor de detenerme y decir: "soy yo el que está haciendo daño".

Y ahora, ya mayor, con la visita de la muerte al doblar las esquinas, me doy cuenta que he vivido una vida incompleta. Porque no hay éxito, ni edad, ni excusa ni logro que valga cuando un padre le falla a su hija como yo te fallé a ti y a tus hermanas.

No sé si merezco tu perdón. No sé si podrías dármelo algún día. Pero lo que sí sé es que tú y todas ustedes merecen escuchar esto:

Lo siento.
Perdón por lo que te hice cuando eras una niña indefensa.
Perdón por el miedo.
Perdón por la rabia que tuviste que cargar sola.
Perdón por los años en que te hice creer que estabas equivocada.
Perdón por romper algo que nunca debí tocar.
Perdón por dejarte sin respuestas, sin amor, sin padre. Con una familia fracturada, resentida y llena de mentiras que se convirtieron en distancia, indiferencia y frialdad.

Perdón a tu madre, por cada golpe, cada traición, cada grito, cada herida.
Perdón a ti, a cada una de tus hermanas, por haber vivido con un modelo de lo que nunca debió ser un hombre.
Y perdón a mi segunda esposa, que también vivió un infierno conmigo cuando solo buscaba alegría y ser amada.

Ojalá estas palabras fueran suficientes. No lo son. Pero son lo único sincero que puedo darte hoy.

Si algo te pido, no es que me perdones.

Es que no sigas cargando con la culpa que era mía. Que te liberes de mi sombra. Que te sepas digna, amada, fuerte. Que sepas que nada de lo que hice fue tu culpa. Nunca lo fue.

Y si un día sientes que esta carta te sirve para cerrar algo, úsala. Como quieras. Como puedas. Cuando quieras escuchar dentro de ti lo que  debí haberte dicho, desde la culpa que nunca asumí, desde el arrepentimiento que tantas veces te hizo falta.

Esta carta es para ti, para tu madre, para tus hermanas, para todas las niñas y mujeres que  lastimé. 


Me despido con vergüenza, con ese "perdóname" adeudado, con ese abrazo no dado  y sin poder levantar mi mirada ante ti, 

Tu padre.

viernes, 6 de junio de 2025

"Lo que habita en ella"

Desde niña, ella supo que sería distinta. Su madre lloraba, su familia discutía y luego se abrazaba.  Ella los miraba como si estuvieran actuando una obra de teatro barata y mal dirigida. Había en esa casa una escena para cada emoción, y ella no se creía ninguna. No sentía nada. Ni apego. Ni ternura. Ni ese amor viscoso que tanto repiten en las películas rosas. Se adaptó. Imitó. Aprendió muy rápido cómo fingir empatía, cómo decir “lo siento” con el tono justo y en el momento adecuado. Siempre supo que decir a quien para lucir empática, sin serlo.  Nadie lo notó. O no lo dijeron por miedo o sencillamente era una escena màs de la gran obra familiar.

... Ahora que es mujer camina por el mundo sin peso en la espalda. Con la energía de alguien que no ha vivido un solo día bajo el peso de la culpa o el arrepentimiento. Ni culpas, ni miedos, ni dudas. Sin ansiedades ni preocupaciones "reales"... Una mujer que se despierta, baja el pie izquierdo y el primer paso lo da con el derecho, como si el mundo le debiera algo, y obvio, sale a cobrarlo. Cada día es suyo. No tiene miedo, no le inquieta el qué dirán ni el qué sentirán. No carga con mochilas, ni propias ni ajenas. Una mujer sin grietas, sin quiebres, sin necesidad de explicarse ante nadie. Vive como un animal elegante y frío: siempre alerta, nunca herida.

Si algo le gusta, lo toma. Si alguien le incomoda, lo aparta. Si tiene que mentir para sobrevivir o ganar, miente con naturalidad extrema.

Desde temprano supo que lo que los otros llaman "amor" no es más que una actuación orquestada a favor propio, un sentimiento egoísta en el cual cada quien da de modo medido lo que desea recibir del otro. El amor no es màs que un trueque, pero los corrientes temen admitirlo.

También descubrió que el dolor era un hábito social, con la única intención de crear empatía o en el peor de los casos, lastima. Y en el màs astuto,  tender redes de apoyo y colaboración en el cual todos gustosos caen.

Que el miedo era una jaula para débiles. Y que las victimas son los victimarios de quienes creen en sus llantos.

Ella, por su parte, no se encierra ni se doblega. Algunas veces finge hacerlo pero su alma no fue moldeada con emociones blandas, sino con una lógica filosa, implacable, por una herencia paterna maldita, pero conveniente.

Creció fascinada por lo que otros temen: el crimen, la violencia, el peligro y el deseo sin límites. Amó hombres que vivían fuera de la ley. No por necesidad, sino porque su vida era real, sin hipocresía. Ellos tampoco pedían permiso para existir. Igual que ella. Algunos vendieron drogas, otros mataron. Y no se escandaliza ante la oscuridad, más bien se aburre por la falsedad, lo rutinario y lo predecible.

No siente como se supone que debería. El llanto le irrita. El sufrimiento ajeno le resulta un ruido molesto. Le incomodan los débiles, los tristes, los preocupados por la muerte. No es que los desprecie. Es que no los entiende. No le interesan. ¡que salgan de su dolor, si pueden!

El afecto, si lo da, es una estrategia. Todo en ella tiene un fin o un móvil. La ternura, si la muestra, una herramienta. 
Sabe muy bien cómo leer a la gente, cómo dar lo que quieren oír, cómo fingir una mirada de consuelo que abra puertas y baje defensas. 
Si alguien cae en sus redes, no es su culpa. Es su ingenuidad. 
Ella no engaña; los otros se dejan engañar (y les gusta ser engañados), por ende, no es su responsabilidad.

Tiene un cuerpo despierto, deseable. La sexualidad en ella no es conexión. Tampoco entrega. Es un mecanismo de poder y una herramienta de comunicación. 

Su cuerpo, fuego que consume sin quedar atrapado. Ama lo que desea y lo desea todo lo que no está atado. No siente pudor por tomar lo que cree suyo. Va por la vida sin pedir permiso. El sexo no es afecto, es poder, es vitalidad, es territorio conquistado.

La acompaña lo neutral.  Una figura constante, presente, que no despierta nada en ella, pero que ocupa su espacio con utilidad, aun cuando su alma le pertenece al caos, al deseo sin censura. 

Y más allá de todo, existen dos presencias que sí significan algo: sus dos posesiones preferidas, que palpitan fuera de su cuerpo. No siente por ellas un amor convencional. Lo que siente es más feroz, más instintivo, más inquebrantable. No es dulzura, sino fuego. En ellas no hay máscara. Por ellas podría destruir sin pestañear. Por ellas se mantiene firme. Aunque no sepan cuánto de ella está escondido.

Esta mujer no sufre. No se agota. No se abruma. Su mente es clara, su voluntad firme. No se corrompe màs allá de su propia e innata corrupción. No se desgasta con lo que arruina a otros: la culpa, el miedo, la inseguridad. No hay remordimiento en sus decisiones. Utilizar a otros no le quita el sueño. Manipular, tampoco. Si puede sacar ventaja, lo hace.  Si puede aprovechar una oportunidad, la toma. Si debe mentir para sobrevivir, miente. Si algo se interpone, lo aparta. Y si el mundo se confunde con sus gestos amables, no es su culpa. Repito, es ingenuidad y sobre esto, carece de control.

 
Es muchas cosas, siempre llena de etiquetas, pero nunca de víctima.

La han llamado por nombres clínicos. Etiquetas que intentan encerrar lo que no encaja. Limítrofe, psicópata, antisocial. Palabras que otros necesitan usar para sentir que comprenden lo que les perturba. Pero no la ofenden. La explican, quizás. Y no la encierran.  ella no está rota. Está despierta y está bien. 

Más despierta que muchos que viven dormidos dentro de sus emociones.

No busca redención. No necesita amor. No quiere ser entendida. Solo quiere que el mundo sepa que existe otro tipo de fuerza. 

No todos los seres sentimos. Una que no llora. Una que no duda. Una que no ama, pero tampoco se traiciona. Y eso no la hace menos humana. Solo la hace diferente.


Ella es lo que habita en el silencio de quienes ya no creen en los cuentos. Y aunque camina sola, nunca está perdida. 

Es lo que otros no se atreven a admitir que podrían ser, si dejaran de tener miedo.

Porque en su mundo, la brújula apunta siempre hacia ella misma.

Y en el mundo hay muchos otros igual a ella. 

Se mimetizan, se mezclan…
Solo quiere que sepas que existe.

Y que no la vas a reconocer…
hasta que ya sea tarde.

viernes, 9 de mayo de 2025

SIN DEFINIR



Dedicado a lo que 
aún no sé nombrar. 

A este nudo en la 

garganta, 

que hoy se convierte 

en palabra.

Para la niña que fui. 

Para que nunca más se calle lo que 

vivió. 

Para que sepa que 

sobrevivió 

y que no está sola. 





Tú.

Yo.
Así los silencios… así las sombras.

Siempre me sentí hueca, como un cuenco rajado.

Vacía de mí, colmada de ti.

Sin forma, sin norte, sin piel.

Una marioneta sin voz, girando en círculos bajo tu mirada torcida.

Desde que tengo memoria,

te he querido con rabia,
te he odiado con amor,
te he seguido con los ojos cerrados
mientras me arrancabas los pétalos.


Tu cariño fue un trueque, injusto y amañado

un puñado de migas lanzadas desde lo alto.
Yo, niña, recogía cada una como si fueran promesas.
No eran amor… eran ceniza.


Crecí buscando lo que no se me dio:
abrigo, mirada, nombre.
Y entre las ruinas, sólo encontraba ecos… tuyos.

Tú con el cetro,

yo con la soga.
Tú construyendo el templo de tu poder sobre mis huesos.
Yo, el reflejo que te molestaba,
la grieta que no podías sellar.

Y sin embargo, me parezco tanto a ti…
Ese es el horror más profundo.
Tu sombra en mi voz,
tu pulso en mis dudas,
tu rastro en mi miedo.

Pero yo… no.

Yo no regaré esa semilla maldita.
No perpetuaré tu herencia estéril.
No llevaré tu nombre tatuado en los actos.

Separados, somos la suma.
Unidos, sólo restamos.

El tiempo ya no te aguarda.
Mi inocencia florece en lo que tú no puedes tocar.
Tus pasos se hunden en su propio barro.
Y yo, yo sigo.

Aquí termina tu eco.
No hay venganza, ni redención.
Sólo verdad.

Tu mal no verá el amanecer.
Tu sombra no alcanzará a tocar mi mañana.

Porque en tu intento por quebrarme,

me hiciste piedra.
Porque al despojarme,
me diste raíz.

viernes, 4 de septiembre de 2015

... Y volviste!

De nuevo en las andanzas.

Retornaste exactamente al punto aquel en que te perdí.

Y andas por alli, alegre,  libre cual el viento, intentando someterme una vez más.
Intentando arrastrarme al infierno disfrazado de paraiso.... aquel del cual salí, porque así lo has decidido tú sin mas ni más .

Y vuelves como si el tiempo hubiese hecho pausa.
Regresas esperanzado no se a qué. Queriendo encontrar no se a quién.
Vuelves y apareces con tu sonrisa descarada, con  tu andar desenfundado que produce en mi  incomodidad y al mismo tiempo placer.
Vuelves con tus mañas que te anteceden, con la malicia que siempre rodea tu ser y que te delata. Con esa sonrisa a medias que descubre que a tu lado nada es seguro, permanente y mucho menos serio.

Vuelves convencido de que entre nosotros nada ha cambiado. Y pretendes convencerme de lo mismo.
Afirmas que has llegado y esta vez, vienes a quedarte. A quedarte en verdad.
Que será diferente. Que eres el mismo pero más consciente, maduro y que tu único discurso y carta de presentación es que aún me amas.
Que las mentiras, el drama, el llanto, las promesas rotas, la espera, el aislamiento al cual me sometiste, mi corazón herido... todo ésto quedó atrás.

Vienes porque defiendes el statuo quo existente ayer, ese que reza que siempre he sido y seré tuya.  Porque me conoces y me sabes incompleta, errática, vacía sin tí.

Cuanta soberbia!!!.
Cuanta negación puedes albergar en ti?

Acaso no crees cuando te aseguro que he cambiado?
Es que no lo ves?
No crees que mi mundo ya no gira en torno al tuyo?

Acaso desconoces que mi horizonte ya no termina en ti? 

Me imagino que es una dura realidad reconocer y aceptar los cambios, Mucho más si los mismos conspiran en tu contra. Mucho menos si quedas afuera de aquella la que fue "nuestra" historia. Aquella que nos envolvió  y que hace un tiempo, para mi bien, dejaste atrás.

Me sofocas. Me agobias. Me acosas. Me arrinconas.... me tientas...
Me explicas que sin ti soy una flor sin deshojar, una corriente sin cause, una mujer sin orgasmos.... Que te pertenezco tal cual te pertenece tu sombra. 


Que tu lugar está dentro de mí y mi camino solo debe terminar en tí.
Que debe haber un error, un circuito cerrado en mi cerebro. Que no legislo bien.
Que mi decálogo termina y claro empieza en ti.

Que te amo. Y que lo sabes.
Que te espero. Y tú lo sientes.
Que te perdoné. Y que te consta.
Que nadie cambia de la noche a la mañana. Y menos Yo, una mujer sin voluntad ni seguridad.

Me pregunto, cuánta "noche" tienen los años que he visto pasar ?
Cuántos soles de madrugada perdí por tu causa?
Cuánto invierno reinó en mí por tu partida?

Es que olvidas las veces... las muchas veces que lloré?
Acaso olvidaste que practicamente me deshice por el miedo y la tristeza de seguir sin ti!

Desconozco tus intenciones, salvo el de volver mi mundo un caos.
El robar la paz que hoy habita en mi alma.
El quitarme el aliento de vida que tanto me costó conseguir tras tu partida.

Y volviste!

Volviste con tus mismos rasgos arrogantes, temerarios
Volviste con tus pasos firmes, con tus brazos que ayer me apretujaban, con tus dedos, con tus labios, con tu lengua que solo antier me llenaban de placer.... seguro de que tu lugar está en mi.
De que mi mundo es totalmente tuyo.

Y volviste!

Volviste sin invitación, como rafaga de viento.

Sin previo aviso. Fuerte, soberbio... Seguro de que aún te amo.
Deseoso de explorar mi cuerpo, someter mi alma, dominar mi mente.
De guiar, como antes, mis pasos, mis actos, mis reacciones y mis pensamientos.

Volviste. Si!
Pero tan equivocado. Errando el camino.
Tropezando las mismas piedras que dejaste a  tu paso.

Volviste....
Subestimando mi mundo.
Ignorando mis sentimientos.
Minimizando mis amores, mi entorno, mis logros.
Echando polvo a mis avances, pocos para tí ... pero audaces y contra todo pronóstico para el mundo circundante.

Volviste.
           ¿a qué?
                      Lo desconozco.

Ya no le faltas a ella....

Aquella que dejaste ir una madrugada cualquiera. Descalza. Llorosa. Desolada y temblorosa..
Aquella que caminó kilometros sin saber cómo se vivía sin ti...
Esa que no podia casí hablar sin sentir que se le desgarraba, literalmente, el alma.
Esa que pidió ayuda para poder superar el vacio y el dolor...
Aquella que se sentía insegura e incompleta sin ti.                      
Aquella que se sentaba a esperar bajo la luz de un débil farol.... en una esquina macabra.... sola, con frio y de madrugada... con lobos que la acechaban....que ella veía y escuchaba venir pero no la aterraban... Tanto era su grado de dolor que desconocia el valor del temor...

Aquella que se acostumbro a tu peso, a tu olor, a tu ácido sabor ... al golpeteo de tu cuerpo sobre el suyo.

Esa que no temia los peligros, las penurias, las zozobras. las verguenzas que le causabas...

Esa que no dudaba en seguir a tu lado a pesar de que todo se te oponia....


Esa.
Aquella mujer que hoy casi no recuerdo.
Que me rehuzo a citar.

Esa mujer de la historia.
La que olvidé, la que no conozco, la que no recuerdo con detalle alguno....

Esa  ya no vive aqui.
Te cuento que murió. Que migró a espacios desconocidos....
Repito.
Para tu mal y el bien mio, esa no existe.
Aquella  ya no vive en mi.