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martes, 8 de julio de 2025

Lo que se quiebra en silencio



No todas las verdades se miran de frente.

Algunas se cuelan de costado,
en la forma en que decimos,
o en la que no sabemos escuchar.


Hay verdades que no caben en una sola boca,
se deslizan —desnudas— como sombras,
entre el decir y el silencio. 



A veces, basta una palabra para torcer el hilo fino del entendimiento.

No por maldad, sino por el vértigo insoldable de ser "humanos".


Lo que uno nombra, el otro no entiende,

y entre palabra  y palabra 
Lo dicho tosco se hizo filo, 
y la terquedad, honda herida y camino deshecho.

No hubo intención en mi verbo,

sólo palabras mal ubicadas,
que saltaron de mi boca
sin medir el filo, sin imaginar el borde.

Heridas surgieron.

Sorpresivas e impetuosas, cual rio en caudales.

Heridas que no supe ver a tiempo.

No quise,
pero las sílabas, como flechas sin arco,
llegaron igual al "no destino" certero.



¿Cómo explicar que no quise dañar,
que todo fue un error
en el idioma de los afectos?

Una grieta se abrió paso donde hubo risa,
y ya no hay puente,

sólo el eco del error, 

solo la sospecha infundada de una mala intención.

Y aquello que era refugio,

ese espacio - sin nombre - entre dos voces,
se volvió distancia.


Lo que fuimos —historias, secretos y llanto —

se partió como un cuenco
que ya no retiene el agua.


El vínculo se quebró con un crujido sordo,
Un crujido leve, pero profundo,
Y el puente cedió. Cayó sin aviso.


Nadie gritó.
Nadie culpó.
Sólo quedó el vacío, la duda
de lo que no volvimos a nombrar.

Me duele su ausencia 

su adiós de a momento

como duele un castigo sin juicio, un culpable sin testigos, una carpeta sin pruebas...

Duele como un idioma perdido.

Y  duele más,  por injusto,
porque yo también me rompí
intentando no romperle.

Me duele el espacio como duele el futuro que no fue.

Duele que no hay regreso.

Ayer, 

el silencio ocupó el lugar que fue nuestro.

Hoy,

comprendo que todo tiene tiempo y caducidad.

Mañana, 

me quedo con  el peso 

                         el vacío

                         la ausencia y la paz 

  de lo que no merecía este final. 


                  

jueves, 12 de febrero de 2015

Del amor y sus extrañezas

Y le amo tanto, que me duele el pecho.

Aqui estoy.  Resignada a mi suerte...
Heme aquí entregándome una y otra vez hasta el límite de mis fuerzas, sin motivos reales, solo por el placer del sí.

Dejándome abrazar por la llama embriagadora de sus manos, que me llaman, que me invitan a amarlo. Sabiendo que no debo, que no es bueno, que me acabo con cada avance suyo.
Que cada momento que paso a su lado es un tiempo muerto, sin cabeza ni pies, sin futuro alguno.

Pero sigo aquí, atada a él... sencillamente enganchada a sus ojos, atrapada por sus manos, por su miembro, su espalda y sus abrazos. Por el enigma que resulta ser su mujer. Por sentirme la "elegida", miserable pero escogida... Algo he de tener que le interesa.



Por ello estoy con él, porque me acepta, me toca, me domina, me enerva y con todo ésto me basta. Todo en él me encanta. Aunque no debería porque con cada entrega, me rebajo, me humillo y me espanto. Absorbida por él en su totalidad. Siento como desaparece mi esencia, me degrado. Dejo de ser Yo para convertirme en lo que quiera que sea para él... para sus propósitos insanos.

Creo que me ama, aún sabiendo que no puedo recibir lo que carezco y no entrego.
Cada beso suyo, cada palabra me rebaja, me desarma, me empuja a un espacio sin tiempo ni lugar... Me desorienta, me obnubila.... la conciencia y mi dignidad se van de paseo junto con mi confianza.

Dejo de ser yo, para convertirme en un poro más de su piel. Soy toda suya, a sus anchas. Sin temores pero también sin esperanzas.

Conocedora que nada va a cambiar, y aún así me quedo, le espero y me entrego... oliendo a sexo y a podredumbre, por que él es eso y mucho menos... Pierdo yo, gana él.... Nada entrega y a pesar de ello sigo aquí, a su lado, sin entender los motivos o el porqué.
El porqué siempre vuelvo.... siempre lo recibo..... lo sueño..... lo acepto.... Y se repite el ciclo, una y otra vez, en descenso estrepitoso, ruin, descabellado, sabiendo que mientras más tiempo pase a su lado peor será el desenlace y aún asi, con mi estupidez a cuestas insisto, me arriesgo.

Le amo tanto que me duele el pecho.
Lo acepto. Estoy enferma y lo entiendo.
Entiendo que él sea mi cura y también mi fatalidad. Nada puedo hacer para cambiar este hecho. Es el embrujo de sus manos o tal vez lo despiadado de su ser que me llama a entregarme una y otra vez, sin recelo, sin medidas, sin medir las consecuencias de mis actos... Las habrá pero después veremos eso...

Ahora solo me concentro en él, en adivinar sus requerimientos, en complacer su ego, en dejarle en claro que soy toda suya, sin que me importe mi bienestar, mi salud o mi propio tiempo.

Y espero que me suelte, que me deje ir. Espero poder liberarme de esa hambre que provoca en mí.
Yo no podré. El tiene que soltarme... Estoy en una prisión sin puertas, barrotes ni candados. Sin cerrojos y de haber una llave, se perdió en el tiempo, hace tiempo atrás y no lucho por encontrarla porque no quiero!

Sigo aquí, solo sometida por el embrujo de su halo, maligno, perverso, inquietante que me llama a dejarme seducir y seguirlo sin atisbos de verguenza o respeto.... Me denigro a su lado y lo sé.  Me pierdo... Es la parte más humillante de esta historia. Saberme ilusa y perdedora desde la primera letra que tecleé...

Pero así, tal cual, son las cosas. No se pueden cambiar. Huelo a sucio, a cloaca, a ese tipo de agua residual que espanta y que atrapa, llevándose todo a su paso, lo bueno, lo malo, lo decente, lo inservible...

Y heme aquí,  obsesiva como siempre, como es mi terca costumbre, amándolo tanto que me duele el pecho.

Tal vez sofocada, casí sin poder respirar, por la excitación y el miedo que me produce estar a su lado. Tal vez por que se lo peligroso de la situación. Tal vez porque al igual que él, carezco de alma... Solo ésto justificaría tanta corrupción....  la ausencia del corazón, que me robó desde el primer momento que me topé con sus negros ojos aquella noche de invierno frente a su casa....


Y no pretendo dejarlo. Eso lo tengo claro.
El no pretende soltarme. Eso es lo que da espanto.
Sabiendo que perderemos, aquí estamos...
Dándole vuelta a las páginas de nuestra historia retorcida, sabiendo que en el fondo terminará mal... dilatándola lo más que podemos, perdiendo nuestro tiempo sabiendo que no seremos felices para siempre... pero que puedo hacer para evitarlo?.... si es que lo amo tanto que me duele el pecho.... y mientras más lo amo, sigue inexorablemente creciendo el vacio en mi.

miércoles, 4 de febrero de 2015

La niña se siente diferente, su vida lo es.

Cae la noche. Y junto con ella, la temperatura, los movimientos, las intenciones y las defensas.

El panorama cambia, los pensamientos y deseos también. Surgen en algunos, inquietudes y motivaciones impensables.

Una vez sucede, todo es diferente... aún cuando no se admita su ocurrencia.

Un nuevo día se avecina. Pero para la niña, en la oscuridad de su habitación, la sensación ya conocida de incomodidad y peligro sigue siendo la misma.

La casa está en silencio. El tiempo se  paraliza, transformando el ambiente familiar circundante en un panorama denso y premonitoriamente triste.
Todos duermen, o al menos, eso es lo que algunos aparentan dentro de la oscuridad y su silencioso seno.

En tanto a otros, la noche, sus sentidos enervan, cual depredador.

La niña, gacela frágil, sin escapatoria y resignada a su suerte, solo trata de adivinar dónde sucederá el primer sartazo certero de aquel, su rutinario visitante nocturno..

Esa extraña sensación la envolvía.  Nuevamente.... La anticipaba... Era esa misma sensación de saber que "eso" que teme y no espera, pero que se sabia conocedora,  aún no queriendo que suceda, lo hará... inevitablemente sucederá.

Es contradictorio, pero el saberlo, en lugar de generarle miedos o ansiedad, la llena de una  tranquilidad malsana rayando en un conformismo absurdo y fatal. Se tranquilizaba pensando que luego del caos, vencido el asco, vendrá un buen momento. Un periodo largo, consciente, de calma, en el cual la dejará en paz. Una tensa calma pero calma en sí.... le pedirá perdones con la mirada, con un silencio cómplice sellarán una vez más su secreto y se alejará de ella... por un tiempo. 

Pues allí está la niña, como antes lo habia hecho, esperando ese momento.
Momento conocido, repetido, hartamente vivido.

Sin saber si dormir y dejar que el espanto de sus dedos esculcando su cuerpo la sorprenda.

O esperar, consciente, recogida en posición fetal, escondida bajo sus sábanas, rogando que su suerte de un giro y cambie.

Desde que se iniciaron estas visitas nocturnas, la niña se siente diferente. Su vida lo es, por tanto sus  emociones también.

La diferencia es que mientras los demás duermen,  posiblemente sueñan o tal vez, tengan pesadillas... En tanto, ella despierta... teme. Y cuando duerme, sufre y teme aún más ante la expectativa de poder despertar y encontrarse igual o peor que la noche anterior, con el mismo peso sobre ella, soportando el interminable y tosco vaiven y cargando en sus pensamientos, el recuerdo de esta sensación incómoda una y otra vez.

La diferencia es que mientras otros tienen pesadillas que ocurren en sus mentes. Las de ella ocurren en su casa.
Muchos tienen pesadillas al dormir.  Ella, en cuanto abre los ojos.

Varias pesadillas, luego de una caida al vacío, terminan de golpe, súbitamente al despertar. Las de ella, recién empiezan. Las de ella si tienen unas manos de adulto que la atrapan... y que se niegan a soltarla.

Es solo una niña.  Y dentro de un mundo de adultos, tan cercanos a ella, se siente cercada, pero sola. Confundida, sintiéndose culpable, descuidada y sucia dentro de una jaula inexistente de la cual no sabe cómo ni cuándo salir.

Pensando que es producto de sus fantasías infantiles, que son terrores nocturnos, que tal vez son inventos de una mente trastornada o de una pequeña inestable y problemática que siente cada vez más cerca a su amigo "imaginario"...

Casí creyendo que lo provoca y  lo merece por ser una niña "fea, terrible y mentirosa".

y sigue a la espera... con sus cinco sentidos a flor de piel, inquieta, alerta.

Escucha sus pasos, distantes, bajitos, constantes... Cada vez más cercanos, asfixiantes...


Percibe su presencia difusa, etérea pero real...

Siente su respiración encima... jadeante, presurosa. Su cuerpo acomodándose junto al de ella. Demasiado cerca para poder ser ignorado. Para pensar que está soñando... o que es una inventiva de su precoz imaginación.


Está ya alli. Sin distancias. Con ella, susurrándole al oido frases inentendibles, indescifrables pero cargadas de apuro y ansiedad...

Se cohibe. Se encocha como siempre. Se cierra... pero él permanecerá allí por un buen tiempo si no se porta bien. Si no coopera. Es una buena niña. así que espera..."instrucciones".... Dependiendo de sus movimientos... ella espera...

Pero esta noche será diferente.

Ella pondrá de su parte. Participará.  Nada pierde.
Mucho gana. Cuanto más rápido suceda, será mejor, tanto para ella como para él...

Siente como sus grandes manos recorren su cuerpo, mientras le lamé su oreja derecha...ordenándole que se "de vuelta".

Esta noche, le dará lo que pide, sin quejas ni lamentaciones. Sin resistencia.

Solo necesita ponerle cara a su visitante nocturno. Solo eso, y saber que no son sueños, que el dolor es real. Que el ardor y la humedad no son inventos. Que el olor nauseabundo y el miedo que la acompañan, lo trajó él a su vida desde su primera visita.

Solo necesita voltearse y darle rostro y vida  a la sombra que constantemente la visita, que se mete solapadamente en su cama...

Un giro rápido. Frente a frente. En la oscuridad, dos cuerpos. Uno pequeño que no tiene oportunidad ni la más mínima defensa ante el otro, que pesa cuatro veces su tamaño.

Y se deja  hurgar, guiar. Instruir... Se deja acomodar bajo aquel cuerpo sudoroso y pesado, sacando a su requerimiento y dejando ver sus pequeñas manos. Antes protegidas debajo de su almohada... Su visitante quiere sentir sus manitas acariciando su espalda...

Él toma impulso hacia atrás. Le arranca de un jalón sus sábanas, subiéndole presuroso su pijama... Ella lo espera... con sus ojitos cerrados, solo espera que él se dejé caer...

Y espera, sus movimientos, su peso... el conocido y doloroso vaiven...

Hoy se siente diferente. Su vida lo es, sus emociones, pensamientos y reacciones también...

Se deja caer sobre ella.

La niña observa con horror el trastabilleo de su visitante, quien sin saber a ciencia cierta que ocurrió, cae sobre ella. Ésta, sin poder moverse, grita por el peso asfixiante que la sofoca, por la humedad caliente que la salpica...

Hay luces, gritos, llanto, abrazos y ayuda.

Su visitante nocturno yace inerte. De la mortal herida aún brota con fuerza chorros de sangre que se escurren sobre el filo y la empuñadura del cuchillo liberador, encharcándolo todo.  Salpicando las paredes por doquier, dándole permanencia y existencia a lo ocurrido...
Segundos atrás, la frialdad resbaladiza  y traicionera de un filo metálico era lo único que separaba el  pecho de la niña de su cuello varonil. Aquel cuchillo de cocina, el más grande que ésta  pudo conseguir y que sostuvo con firmeza hasta que sintió como se lo enterró en lo profundo de la garganta ...

No eran pesadillas, invenciones ni fantasías de una mente infantil...

Ahora la niña se siente diferente. Su vida lo es.

Ya no habrán visitas... ni susurros....
Desaparecerán los dolores, temores y lamentaciones... al menos, eso piensa la niña....


Sus emociones y reacciones se sienten diferentes... Su vida lo es.

Una vez sucede, todo es diferente... aún cuando no se admita su ocurrencia.

    

  

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sábado, 15 de noviembre de 2014

Desde niña esa misma extraña sensación


De niña ella lo hacía todo por complacer a su padre... Casi no respiraba, aprendió a no quejarse, a ser independiente, a hacerlo reír, a no pedir nunca nada para si, a obtener buenas notas... 

Hizo suyas sus aficiones, como papá leía, bailaba, amaba la música y analizaba las películas q veían juntos. Igualmente dominaba el arte de hablar en público y de escribir correctamente. 

Todo lo hacía como papá, lo conocía bien... Realmente demasiado bien para su propio mal. Ella sabía anticiparse a Él por lo q sabía muy bien qué y cómo hacer para no hacerlo enojar. Al menos eso ella creía! 

Supo siempre despérsonalizarse, no captar mucho la atención, y sin embargo no sabe cómo ni porqué, pero su padre de una ú otra manera siempre se sintió decepcionada de ella. Deseaba más de ella, se quejaba todo el tiempo incluso sin hablar! Bastaba esa mirada desaprobatoria que le lanzaba para percatarse una vez más que le había fallado a papá... 

Nunca supo exactamente que le incomodaba a su padre de ella, lo cierto era que nunca pudo satisfacerlo en nada. No sabía hacerlo feliz por más intentos ... sencillamente no era "buena, lo suficientemente buena" ante sus ojos.
Algo le faltaba, algo fallaba, pero siempre caía ante si la crítica velada, malsana, hiriente y que la dejaba sin defensas sintiendose sumamente mal, abandonada, sola, fea y estúpida. Sería por esto último q su papá no la quería, por ser tan estúpidamente torpe! Lo que llama la atención es que se repite aquel comportamiento de dar en demasía, de estar pendiente de detalles, de anticiparse, de querer colaborar en todo, de no ser carga de nadie, y aún así... persiste esa misma extraña sensación...

Esa extraña sensación de no encajar, de no complacer, de no hacer feliz al otro. Aún hay miradas desaprobatorias, críticas destructivas, gestos de "no me gustas nada" y el triste resultado de "tu no me haces feliz"... Algo sigue fallando en ella. No merece ser amada por incompleta, no puede sér feliz a pesar de todo el esfuerzo que hace... No logra que la quieran por quien es ni por lo que esta dispuesta a ofrecer, y que ironicámente es mucho.

Áún subsiste esa mirada de "te falta más", no me satisfaces y por más que hagas sólo me enfocaré en lo mal hecho, en tus olvidos, en aquello que faltó para que repitas en ti una y otra vez esa sensación infantil de que debes ganarte el afecto y tal vez sólo entonces, te querré... 

A punta de migajas, pero te querré... Como se quiere a un perro que te espera y te venera...de a poco, por premio y castigo...

ESCRITO DE MAYO 2011...

Primera Pintura de EDUARDO DESCONSUELO, Río Frío