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viernes, 27 de marzo de 2026

ACTO DE AMOR

Aquella madrugada tortuosa no fue un final, fue un acto de amor en silencio.

La casa dormía. Y en ella sus inquilinas.

El aire estaba quieto, como si el mundo hubiera decidido no interrumpir.

Las niñas descansaban, envueltas en la inocencia de los sueños, ajenas al temblor que empezaba a recorrer el cuerpo de su madre.

Ella abrió los ojos y supo que algo no estaba bien.

No era el cansancio de otras veces, ni el eco conocido de los tratamientos.
Era distinto. Profundo. Inexplicable.

Se incorporó con cuidado, respirando como podía, sosteniéndose en su propia voluntad.
Y en medio de ese malestar que crecía, pensó en ellas. Como siempre: en ellas.

Caminó despacio. Cada paso era un esfuerzo, pero también una decisión.
Llegó hasta la puerta… y se detuvo.

Las miró desde lejos.

Allí estaban, dormidas, en paz. Risueñas e inocentes. Ajenas al malestar que la consumía a una velocidad antes desconocida para ella.

Pudo acercarse.
Pudo rozar sus mejillas.
Pudo darles ese último beso.

Pudo. Pero no lo hizo. Las imagino jugando en sus sueños...

No lo hizo. No porque no quisiera…
sino porque en su corazón aún vivía la esperanza de volver,
de regresar, de abrazarlas después, de darles todos los besos pendientes y un poco màs.

Y, al mismo tiempo, en lo más profundo, algo le susurraba que tal vez no sería así. Un frio le nublo aquella esperanza y ese presentimiento silencioso, eligió lo más grande: protegerlas.

No las despertó.
No llenó ese instante de angustia.
No dejó que el miedo tocara su descanso.

No deseaba que la viesen sin aliento, cansada y asustada.

- “Dios, ¿por qué me siento tan mal?”, se dijo para si susurrando, viéndose frente al espejo del baño. 

- “Que pálida y deshecha me veo. Dios. 

Repetía para sus adentros 

- ¿por qué me siento tan mal?”  No como una queja, sino como quien busca entender lo que el cuerpo ya sabía.

Y aun así, no se detuvo. 

Se alistó.
Se sostuvo.
Buscó ayuda.


Hasta en ese momento, cuando su cuerpo comenzaba a rendirse, su corazón seguía firme en un solo propósito: ellas.

Porque el amor de una madre no se mide en despedidas,
sino en todo lo que hace para que sus hijos no sufran.

Y así fue.

Mientras el tiempo avanzaba y su cuerpo luchaba una batalla invisible,
ella seguía cuidándolas… incluso desde la distancia, desde el dolor. Incluso desde la inconsciencia.

No hubo gritos.
No hubo despedidas que rompieran la noche.
Solo una decisión silenciosa, inmensa:

dejar ese beso en pausa…
guardado en la promesa de un después que deseaba,
aunque su alma, en un rincón callado, temiera no alcanzar.

Y aunque el mundo parezca decir que ese fue su último día, 

que presentía la muerte de forma consciente, 

que fue egoísta al no despedirse, 

que porque sintiéndose tan mal no corrió, 

que decidió irse … 

la verdad es otra.


Salió pensando en sus hijas

Lucho y protegió hasta el último momento
No se fue en abandono.

Ese día, esa madre hizo lo que hizo toda su vida:

Amar y cuidar… hasta el último latido de su corazón.

 


viernes, 16 de enero de 2026

AJEDREZ



El tablero está frío.


Hiela, no por la noche,
sino por lo que ya no arde.

Las piezas se miran sin deseo,
nadie arriesga el cuerpo,
nadie avanza.
No hay jaque,
no hay final,
solo esta tregua interminable
donde no se gana
y tampoco se huye.

Antes fue incendio.
Ahora, cuentas pendientes,
silencios que pesan
como deudas heredadas.

Aquí la necesidad se esconde,
se pide en voz baja,
se ofrece como limosna
lo que antes era entrega.

Espero el ataque
que prometiste sin decirlo.

Espero caer.
Pero sigo respirando,
honda, exacta,
esta vida que no se va
y tampoco se queda.


Es un paraíso amargo, 

bien ordenado,
sin arrugas visibles.
Una obra sostenida a pulso,
aplaudida desde afuera,
ensayada hasta el cansancio.

Las jugadas pasan
sin tocarse.

Sin vítores ni estocadas.

Las miradas aprenden a esquivarse.

Y ese “hasta mañana”
—dicho como costumbre—
no promete regreso:
solo prolonga el lamento.

No es despedida
No es promesa.

Solo repite
la costumbre de quedarse.

miércoles, 30 de abril de 2025

A las 7:42 am en San Francisco.

 (...en honor a ti que me veías con tus ojos llenos de letras)


Todas las mañanas, como si el tiempo también tuviera sus rituales secretos, a las 7:42 en punto, él estaba allí.

Sentado en la banca más cercana al roble viejo del parque, con el lomo de un libro abierto como un ala extendida sobre sus piernas delgadas. Tenía la piel tostada por el sol, lleno de arrugas en el rostro y con inviernos en los ojos  que —aunque casi nunca los levantaba— parecían guardar un mar en calma. Era un hombre sin casa, pero no sin mundo; y su mundo, por lo que pude ver, cabía entre las páginas de los libros que atesoraba.

Nunca supe su nombre, pero eso no me impidió verlo. Y verlo era suficiente. Suficiente para que mi día, por más gris que empezara, se sintiera enraizado en algo silencioso y digno. A veces, bajaba la ventana del carro y a "lo pisa y corre" le dejaba un café caliente o unas frituras que compraba a propósito para él. O un libro —los más humildes de mi colección, los más leídos o sopeteados— porque intuía que no cualquier historia merecía el honor de sus manos.

La última vez que lo vi fue un martes. El martes pasado. Llevaba puesto un abrigo, asumo de algún donador anónimo, que le colgaba de los hombros como un recuerdo prestado. Estaba leyendo. Como siempre.

Después, ya no estuvo más.

Pasaron los días. Y las noches. Y muchos carros presurosos con sus pitos cotidianos.  Ayer se cumplió una semana de su ausencia. Su banca quedó vacía, como una página a medio escribir. El área donde ponía sus libros, estaba limpia y su carretilla maltrecha de súper, también desapareció.  Mi curiosidad venció la prudencia y detuve el carro como tantas veces había hecho. Me bajé y le pregunté a un hombre que corre cada mañana por el mismo sendero.

“Murió”, me dijo. “Lo encontraron aquí mismo, con un libro abierto sobre el pecho. Como si las palabras lo hubieran acunado en su último aliento.”

No supe qué decir. Me quedé mirando la banca. Todo seguía igual —las hojas, la luz, el ruido de la ciudad al fondo— pero algo faltaba. O más bien, alguien. Y ese alguien, que no hablaba con casi nadie,
que nunca pidió nada, había dejado un hueco difícil de explicar.

Era un hombre sin hogar, sí, pero jamás sin presencia. En un mundo que corre sin mirar, él se detenía. Leía. Y en su lectura silenciosa, en ese pequeño acto repetido día tras día, se volvió un faro. Un ejemplo de resistencia ante la tecnología que nos devora los ojos y que lo dejó atrás,  de paz frente al consumo que todo lo llena y nada sacia. Era un baluarte de contemplación en medio del ruido, una pausa viva en un mundo apurado.


No era famoso, ni viral, ni trending. Pero quienes pasábamos a su lado —aunque nunca cruzáramos una palabra— sabíamos que algo valioso habitaba en él. Que su sola existencia sembraba preguntas:

¿Cuándo fue la última vez que me detuve?

¿Cuánto tiempo paso con la cabeza gacha viendo una pantalla azul adictiva?

¿Cuándo fue la última vez que leí sin esperar nada más que la compañía de una buena frase?

¿Cuánto he dejado de contemplar, sentir y compartir con otros? 

Ahora al pasar por el parque y mirar su banca vacía,  a veces, creo ver un destello de su último abrigo, o el brillo dorado del sol en las páginas que ya no sostiene. Me gusta pensar que, donde sea que haya ido, sigue leyendo. 

Y que cada historia que le llevé, cada café, cada saludo leve desde la ventana del carro, fue una pequeña forma de decirle: te veo. Te vi. Existes. 

Porque sí, había desaparecido. Pero no se ha ido del todo.

Y así, sin decir una palabra, nos enseñó que aún en el margen se puede ser centro. Que incluso quien no tiene casa puede ser hogar de algo sagrado. Que detenerse a leer, en medio del mundo que corre, es también una forma de esperanza.

Fue un anónimo, un ser del montón de los muchos indigentes de Panamá, que hizo suyo un parque
pequeño del barrio de San Francisco. Pero igual que un faro en medio del mar, nos enseñó a mirar con otros ojos. Y aunque su luz ya no arde, el rumbo que trazó aún brilla en quienes lo vieron. 

Hoy, sin su luz, el paisaje duele distinto.


lunes, 10 de agosto de 2015

Una muesca más....

Sin sentido ni oficio.
Sin función real o definida. Esa soy yo.
Una muesca más dentro de tu engranaje...

Fabricada a tu antojo, solo para hacerte feliz, para servirte y dejarme usar.
Sin tallado fino, solo con practicidad.
Sin miramientos sin señales o instructivos de cómo se ha de usar.

Sin personalidad. Cual si fuese tu reflejo.
Con iniciativa nula, solo a tu disposición sin más.

Una muesca a tu medida, a tu merced y voluntad.

Una muesca que no gira, no late, no vibra.

Que no sujeta ni asegura na'a... que se adapta, mimetiza y se desaparece cual gota de sudor en el centro de un solar.

Sin sentido ya lo dije, pero toca repetirlo, para que se subraye su gravedad.

Una muesca en si vacia, cargando su propia ruindad, respirando soledad. Fingiendo.
Asumiendo el autoengaño de creerse valorada sin serlo en realidad.

Una muesca a la cual no se le da engrase, mantenimiento ni nada.

Que se entalla, se adapta, se acomoda a ti.... olvidando su esencia, naturaleza y fin...

Una muesca  casí  serial.  De esas que se desechan cuando pierden el brillo y ya.

De esas que nadie nota.
Que se tira en cualquier jarrón de cristal dentro de cualquier gaveta de cualquier lugar, sin aire sin gravedad, sin atisbo de esperanza, que solo se queda a esperar.....
Esperar  que  luego de un impulso fugaz sea buscada, apretada, usada y nuevamente desechada...

De esas que de tanto dar, amanecen agotadas, secas y solladas.... Corroidas de oxido y algo más.

Una muesca sin forma, de hierro permeable a tu presencia. Con hendiduras precisas para en tí encajar.

De esas que huelen tu arrogancia, indiferencia y desden.

De esas que temen ser ignoradas, pese a todo esfuerzo.... sin darse cuenta que lo son a diario... un poco cada día, cada día un poco más.

Y así continua girando el sistema.

Tú al mando...
                      Yo a tu merced...
                                                 como la muesca aquella que usas de vez  en vez....    

miércoles, 10 de junio de 2015

La soledad pese al abrazo.

Que no me digan que la compañia se nota, pesa y se siente, porque muchas veces no es asi. Incluso, a veces, incomoda. Asusta y enerva.

Hay momentos en que te sientes acompañada estando sola y otras, muchas... más de lo que debería ser, te sientes vacia, sola y deshecha cerca de tanta gente, jolglorio y afecto.

Y he de reconocer, a regañadientes, lo que tanto se lee y escucha por alli de maestros y de falsos líderes que incautan  almas carentes de afecto  y bolsillos de ingenuos desprotegidos de amor propio, que son demasiados y por ello, demasiadas las estafas: Y es que no se puede sentir lo que no se tiene, aún cuando lo anheles.

Por eso, puede ser tu sueño que te amen, consientan y respeten. Pero si no sientes ninguno de estos sentimientos por ti misma, imposible sería atraerlos, raro reconocerlos, extraño aceptarlos y casí improbable sentirlos con agrado.

Es que cuando se anda a la defensiva y con sentimientos de paranoia y sospechas infundadas, todo lo vez "mal intencionado" o
con doble y misterioso matiz, a pesar de que sea para tu bien, todo, absolutamente todo lo verás mal y por ende, tendrás el irresistible impulso de evitarlo, huir o escapar.

Con dolor he de reconocer que no se puede negar que el sentimiento de "desmerecer" lo que mereces es mucho más grande que la voluntad de recibir con agrado las sorpresas y bondades que nos tiene la vida deparadas.

Cuando estas mal, si se te acercan, cuestionas el porqué. Analizas, indagas y escudriñas las motivaciones "reales" de aquel que quiere estar contigo. Sospechosamente intuyes que algo en esa persona "no va bien" porque si lo fuera, no te hubiese elegido a tí.
Asi de sencillo. Sin darte cuenta, te transformas en tu peor enemigo, aquel que anhela compañia, besos, caricias y abrazos pero que por inseguridad y poco amor propio, aleja de si todo ésto e inclusive, más.

Y es cuando escuchas lamentaciones, diatribas y cuestionamientos. En voz alta y con el corazón parti'o con borbotones a chorros de sangre. ¿Que porqué no me quieren?.  ¿porqué se alejan? ¿Cúal es mi problema? ¿ porqué estoy sola? ¿acaso no merezco que me amen? y la clásica "Que mala suerte tengo!!!" ...Cuando en realidad la suerte no juega ni el enésimo lugar, mucho menos papel preponderante en esta historia ni en sus consecuencias.

Lo único cierto aquí es que si te aman y no lo sientes, si se preocupan por ti y dichos actos o sentimientos no llegan a tu psiquis, el problema no está en quien abraza, sino en quien estaba supuesto a recibir el afecto. Es decir, el problema eres TÚ... o mi persona... o quien quiera que le guste escapar del amor, del afecto, de la entrega. El problema no es de quien se da, sino de aquel que no quiere recibir...

Si no has logrado captar el fluir del amor en tu vida. Si eres incapaz de gozarte un amanecer en compañia, una sonrisa sincera, un guiño de ojos, unas mejillas rebozantes de rubor por tu causa, unas miradas ardorosas de deseo por ti, el vaiven sonoro de un cama al hacer el amor.... si eres incapaz de admirar todo aquello que el otro u otra, tienen y quieren ofrecerte, no solo no mereces el abrazo.... mereces seguir nadando en el más hondo mar de tu autoinflingida soledad.

No añores el abrazo, si no estas preparado para recibirlo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

La niña se siente diferente, su vida lo es.

Cae la noche. Y junto con ella, la temperatura, los movimientos, las intenciones y las defensas.

El panorama cambia, los pensamientos y deseos también. Surgen en algunos, inquietudes y motivaciones impensables.

Una vez sucede, todo es diferente... aún cuando no se admita su ocurrencia.

Un nuevo día se avecina. Pero para la niña, en la oscuridad de su habitación, la sensación ya conocida de incomodidad y peligro sigue siendo la misma.

La casa está en silencio. El tiempo se  paraliza, transformando el ambiente familiar circundante en un panorama denso y premonitoriamente triste.
Todos duermen, o al menos, eso es lo que algunos aparentan dentro de la oscuridad y su silencioso seno.

En tanto a otros, la noche, sus sentidos enervan, cual depredador.

La niña, gacela frágil, sin escapatoria y resignada a su suerte, solo trata de adivinar dónde sucederá el primer sartazo certero de aquel, su rutinario visitante nocturno..

Esa extraña sensación la envolvía.  Nuevamente.... La anticipaba... Era esa misma sensación de saber que "eso" que teme y no espera, pero que se sabia conocedora,  aún no queriendo que suceda, lo hará... inevitablemente sucederá.

Es contradictorio, pero el saberlo, en lugar de generarle miedos o ansiedad, la llena de una  tranquilidad malsana rayando en un conformismo absurdo y fatal. Se tranquilizaba pensando que luego del caos, vencido el asco, vendrá un buen momento. Un periodo largo, consciente, de calma, en el cual la dejará en paz. Una tensa calma pero calma en sí.... le pedirá perdones con la mirada, con un silencio cómplice sellarán una vez más su secreto y se alejará de ella... por un tiempo. 

Pues allí está la niña, como antes lo habia hecho, esperando ese momento.
Momento conocido, repetido, hartamente vivido.

Sin saber si dormir y dejar que el espanto de sus dedos esculcando su cuerpo la sorprenda.

O esperar, consciente, recogida en posición fetal, escondida bajo sus sábanas, rogando que su suerte de un giro y cambie.

Desde que se iniciaron estas visitas nocturnas, la niña se siente diferente. Su vida lo es, por tanto sus  emociones también.

La diferencia es que mientras los demás duermen,  posiblemente sueñan o tal vez, tengan pesadillas... En tanto, ella despierta... teme. Y cuando duerme, sufre y teme aún más ante la expectativa de poder despertar y encontrarse igual o peor que la noche anterior, con el mismo peso sobre ella, soportando el interminable y tosco vaiven y cargando en sus pensamientos, el recuerdo de esta sensación incómoda una y otra vez.

La diferencia es que mientras otros tienen pesadillas que ocurren en sus mentes. Las de ella ocurren en su casa.
Muchos tienen pesadillas al dormir.  Ella, en cuanto abre los ojos.

Varias pesadillas, luego de una caida al vacío, terminan de golpe, súbitamente al despertar. Las de ella, recién empiezan. Las de ella si tienen unas manos de adulto que la atrapan... y que se niegan a soltarla.

Es solo una niña.  Y dentro de un mundo de adultos, tan cercanos a ella, se siente cercada, pero sola. Confundida, sintiéndose culpable, descuidada y sucia dentro de una jaula inexistente de la cual no sabe cómo ni cuándo salir.

Pensando que es producto de sus fantasías infantiles, que son terrores nocturnos, que tal vez son inventos de una mente trastornada o de una pequeña inestable y problemática que siente cada vez más cerca a su amigo "imaginario"...

Casí creyendo que lo provoca y  lo merece por ser una niña "fea, terrible y mentirosa".

y sigue a la espera... con sus cinco sentidos a flor de piel, inquieta, alerta.

Escucha sus pasos, distantes, bajitos, constantes... Cada vez más cercanos, asfixiantes...


Percibe su presencia difusa, etérea pero real...

Siente su respiración encima... jadeante, presurosa. Su cuerpo acomodándose junto al de ella. Demasiado cerca para poder ser ignorado. Para pensar que está soñando... o que es una inventiva de su precoz imaginación.


Está ya alli. Sin distancias. Con ella, susurrándole al oido frases inentendibles, indescifrables pero cargadas de apuro y ansiedad...

Se cohibe. Se encocha como siempre. Se cierra... pero él permanecerá allí por un buen tiempo si no se porta bien. Si no coopera. Es una buena niña. así que espera..."instrucciones".... Dependiendo de sus movimientos... ella espera...

Pero esta noche será diferente.

Ella pondrá de su parte. Participará.  Nada pierde.
Mucho gana. Cuanto más rápido suceda, será mejor, tanto para ella como para él...

Siente como sus grandes manos recorren su cuerpo, mientras le lamé su oreja derecha...ordenándole que se "de vuelta".

Esta noche, le dará lo que pide, sin quejas ni lamentaciones. Sin resistencia.

Solo necesita ponerle cara a su visitante nocturno. Solo eso, y saber que no son sueños, que el dolor es real. Que el ardor y la humedad no son inventos. Que el olor nauseabundo y el miedo que la acompañan, lo trajó él a su vida desde su primera visita.

Solo necesita voltearse y darle rostro y vida  a la sombra que constantemente la visita, que se mete solapadamente en su cama...

Un giro rápido. Frente a frente. En la oscuridad, dos cuerpos. Uno pequeño que no tiene oportunidad ni la más mínima defensa ante el otro, que pesa cuatro veces su tamaño.

Y se deja  hurgar, guiar. Instruir... Se deja acomodar bajo aquel cuerpo sudoroso y pesado, sacando a su requerimiento y dejando ver sus pequeñas manos. Antes protegidas debajo de su almohada... Su visitante quiere sentir sus manitas acariciando su espalda...

Él toma impulso hacia atrás. Le arranca de un jalón sus sábanas, subiéndole presuroso su pijama... Ella lo espera... con sus ojitos cerrados, solo espera que él se dejé caer...

Y espera, sus movimientos, su peso... el conocido y doloroso vaiven...

Hoy se siente diferente. Su vida lo es, sus emociones, pensamientos y reacciones también...

Se deja caer sobre ella.

La niña observa con horror el trastabilleo de su visitante, quien sin saber a ciencia cierta que ocurrió, cae sobre ella. Ésta, sin poder moverse, grita por el peso asfixiante que la sofoca, por la humedad caliente que la salpica...

Hay luces, gritos, llanto, abrazos y ayuda.

Su visitante nocturno yace inerte. De la mortal herida aún brota con fuerza chorros de sangre que se escurren sobre el filo y la empuñadura del cuchillo liberador, encharcándolo todo.  Salpicando las paredes por doquier, dándole permanencia y existencia a lo ocurrido...
Segundos atrás, la frialdad resbaladiza  y traicionera de un filo metálico era lo único que separaba el  pecho de la niña de su cuello varonil. Aquel cuchillo de cocina, el más grande que ésta  pudo conseguir y que sostuvo con firmeza hasta que sintió como se lo enterró en lo profundo de la garganta ...

No eran pesadillas, invenciones ni fantasías de una mente infantil...

Ahora la niña se siente diferente. Su vida lo es.

Ya no habrán visitas... ni susurros....
Desaparecerán los dolores, temores y lamentaciones... al menos, eso piensa la niña....


Sus emociones y reacciones se sienten diferentes... Su vida lo es.

Una vez sucede, todo es diferente... aún cuando no se admita su ocurrencia.

    

  

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sábado, 27 de diciembre de 2014

Lo que duele en el alma...


La vida me ha enseñado que las diferencias entre las cosas y los seres vivos no existen.

De hecho muchos seres humanos viven y son tratados e ignorados como cosas. Dejados a un lado cual objetos sin vida, sin importancia... y son tratados o amados, vaya palabra!!!, cual trasto o mueble viejo.

Aquel mueble necesario, presa de la costumbre, que está alli pero que incomoda, que no se extraña, que no se toca.... y lo ven de refilon, lo tratan  a lo rápido, dejándolo de último, queriéndolo con la ley del mínimo esfuerzo... sin ningún tipo de atenciones aun cuando pareciese que sí, entregándole migajas, sobras, cansancios o los últimos quince minutos de su tiempo cuando todo lo importante, interesante  o prioritario ha pasado.... Cuando acaba el día, para aparentar un inusitado interes.    

A veces hay más contenido, cercania e historia entre las cosas que entre los humanos.

Como la mesa aquella de sala y la imponente lámpara puesta sobre ella... la mesa la sostiene en una clandestina complicidad. La lámpara la contiene y la abraza confiada con su intenso calor.
Juraría que jamás se sienten solas ni ignoradas...

Que el lado oscuro de la libertad es  compartir cercanias temporales y caer posteriormente en la despiadada soledad..... y el precio de la compañia, viene siendo el mismo, la implacable soledad sabiendo que se está acompañado pero a la espera, que se está cerca pero de modo tan distante.

Que hay días en que los humanos no conversan ni siquiera con la mirada. Que se evaden con despiadada naturalidad, cual sarna ponzoñosa, que no se tocan ni se abrazan.... mucho menos ni por accidente, no lo quiera Dios, se besan... Es esos días que los silencios ofenden, incomodan y producen en la psiquis  replanteamientos que duelen y dudas que espantan...

Y es que en esos días, noches y madrugadas se notan las distancias con claridad meridiana, brotan las diferencias que se pretendian ocultar  y  la verdad abofetea tu cara...

No sabes si sorprenderte con la revelación de tus pensamientos o enojarte por decidir dejarlos pasar....

Entonces, solo entonces duele el alma a una de las partes. La que lo nota, la que lo ve, aquella a quien le duele el alma...  la que espera un milagro, un cambio o una novedad...

La otra solo evade, ignora y se convence de que no pasa nada...    

Y no importa las distancias que recorran, el cambio de escenario, la salida de ciertos actores de la trama, las alegrias pasajeras por festejos o terceros, las sorpresas rogadas.... el distanciamiento sigue alli, el vacio retumba entre aquellos personajes....

y solo uno lo ve, solo uno... el que entregó el alma. el que confió, el que espera..... el que se atrevió a soñar...

Por eso se dice, que soñar.... soñar no paga!

Ni confiar, ni entregar... mucho menos esperar... 

jueves, 6 de noviembre de 2014

Tú. yo.... así son las cosas.....

Me siento sola, perdida sin tí...

De hecho, siempre me he sentido así.... Vacia, desolada, indefensa, sin personalidad ni carácter...

Sin rumbo, dando tumbos desde que tengo memoria.

Admirándote con odio, queriéndote en silencio desde niña.

Totalmente decepcionada.... de lo poco que me diste, de tu amor condicionado o con trueques..... de las limosnas que me regalabas al pasar...

Crecí sintiendo hambre de afecto, aprobación y genuino amor...


Sintiendo que nada nunca tuvo sentido en nuestra historia.

Tú tenias el control, yo era una veleta al viento, un jueguete en tus manos, agua entre tus dedos....


Ahora ese fluir se hizo hielo. Ahora ese dolor se hace lamento, estoico pero lamento en si...


Sabiendo que me reflejo tanto en ti que me da miedo terminar siendo tú, con tus aberraciones a cuesta.
Creyéndote superior a mi, desconociendo que tu talón de Aquiles, soy Yo...

Me enerva reflejarme en ti, sentirte igual, reconocerte en mi.... y se que te sucede lo mismo.
La herencia no se puede negar, a nuestro pesar no se puede...
Somos tan iguales que terror da.
Sin tenerte cerca siento tu presencia, y a tí, a tí te pasa igual. No lo niegues, no lo evites...
Porque negarlo? separados somos la suma.... unidos solo restamos....

El tiempo pasa. No se detiene. No espera ni perdona.
Mi inocencia. Tu arrogancia. Mis temores. Tu maldad innata...
Qué seria de mi? A veces suelo imaginarme mi vida sin tí.... sin tu complicación gratuita, sin tus traumas perpetuados en mi... no sería yo, tal vez sería tu o viceversa.

Esto es asi. Sin más ni más. No hay mucho que agregar. Me desarrollo, me explayo... Te extingues.... Desapareceras desde tus
propios pasos... y yo, no perpetuare tu daño...

Yo no. No renaceré siendo fruto de la mala semilla. Aquí se acaba tu historia, sin ganadores sin perdedores, solamente corazones destrozados por el silencio, el mito y el engaño.

Tal vez mañana reconozcas tu mal... Ya será tarde.... tu mala semilla germino en mi, pero no verá la luz del amanecer.... El sol no la alcanzara.  

Lo cierto en esta historia es que al debilitarme, me hiciste fuerte....  te lo anuncio para que no caigas sin previo aviso, tu fortaleza no es más que mi debilidad....