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lunes, 23 de marzo de 2026

ADONIS y la fragilidad de la belleza

 Hijas,


La vida tiene una manera muy silenciosa, pero contundentemente inevitable, de enseñarnos lo que realmente importa. A veces no lo hace con palabras, sino con el paso del tiempo.

Voy a decirles algo que tal vez no suene bonito ni muy creíble viniendo de mi, pero es verdad absoluta: La belleza no vale nada… si está vacía. Repito, no vale nada.

Porque esa cara perfecta que HOY deslumbra, ese cuerpo que hoy provoca miradas, esa “perfección” que parece abrir puertas y que muchas veces es admirada… todo eso tiene fecha de vencimiento y a veces hasta de expiración prematura. 

Y no es una amenaza, es una ley de la vida.

Cuando uno es joven, los ojos se dejan deslumbrar fácilmente. La belleza parece una promesa, una garantía, casi un valor eterno. Vana ilusión!!!

Recuerdo en mis tiempos de escuela, rostros admirados, cuerpos perfectos, personas que parecían tenerlo todo solo por ser hermosas, atractivas o de buen ver. Eran “los más bellos”, los más deseados, los que hacían suspirar a todos, los màs buscados, los más celebrados, los que todos querían tener cerca...

Pero el tiempo… el tiempo con su majestuosidad no negocia con nadie. 


El tiempo no pide permiso. Y un día, sin hacer ruido, pasa la cuenta y a veces de la peor manera.


Y lo que ayer u hoy parece inalcanzable, mañana puede ser irreconocible y hasta despreciable. Lo que antes era motivo de admiración se transforma. El cuerpo cambia, el cabello cae, la piel se cansa, la vida deja marcas. Y entonces ocurre algo revelador: aquello que parecía tan valioso… ya no sostiene nada.


Hoy, esos “bellos” no tienen nada “físico o externo” que sostenga lo que fueron. Porque nunca
construyeron nada más allá del espejo.


Porque la belleza, hijas mías, es prestada. Es momentánea. Es una envoltura que inevitablemente se
desgasta, se arruga y se daña. 


Y cuando la belleza se va —porque CREANME que se va— queda lo que realmente eres y es aquello que no se desgasta —SI SE CULTIVA— y es el carácter, el don de gente, los valores y la bondad. La forma en que alguien trata a los demás. La paz que transmites. La inteligencia emocional. La capacidad de tratar y amar bien y con respeto.


Cuando pasa el tiempo, ahí no hay maquillaje. ahí no hay filtros. ahí no hay aplausos ni redes. 

Solo queda la esencia REAL de cada quien. Y si esa esencia está vacía, no hay nada que rescatar.

Por eso quiero pedirles hijas mías, algo desde lo más profundo de mi corazón: no se dejen engañar por lo que ven sus ojos en un momento... No elijan desde el brillo superficial, porque ese brillo se apaga. Ni se dejen elegir, dado sea el caso, por su físico o atractivo.  


Miren más allá.


Miren cómo habla una persona, cómo reacciona cuando algo no sale bien, cómo trata a quien no puede ofrecerle nada. Como conforta, consuela y anima. Miren su esencia. Porque eso es lo que se queda cuando todo lo demás cambia. 


Por eso quiero que entiendan esto, aunque el mundo les diga lo contrario: no se enamoren de una cara bonita y vuelvo y repito, No se dejen elegir por alguien solo porque ustedes también lo son. No confundan deseo
momentáneo  con valor permanente.


Porque el deseo pasa. La novedad se acaba.

El cuerpo cambia. La vida arremete y golpea.


Y cuando todo eso ocurra, lo único que va a importar es quién es esa persona por dentro.


Elijan a alguien que tenga profundidad.

Que tenga valores.

Que tenga humanidad, respeto y empatía.

Que tenga algo que ofrecer incluso cuando ya no quede nada “socialmente perfecto” en él o en ella.


Porque la vida real no se vive en fotos, reels ni historias.

La vida es largamente corta, y el amor verdadero no se construye con perfección física, sino con compañía, respeto, paciencia y verdad.


Se vive en los días difíciles, en la enfermedad, en el cansancio, en la rutina… y ahí, la belleza no sirve de nada ni sustenta nada.


Habrá cambios, inevitables. El cuerpo cambiará, la vida dará giros, habrá pérdidas, enfermedades, transformaciones. Y cuando eso ocurra, lo único que sostendrá una relación será lo que está dentro.


Ahí sirve el corazón. No se equivoquen en eso.


Y eso, hijas, no se ve… pero se siente, se sufre o se agradece todos los días.

Elijan a alguien que siga siendo hermoso por dentro incluso cuando la vida lo despeine por fuera.


Con amor,

Mamá

martes, 6 de enero de 2015

Elisa, como vaso de agua...

Así la llaman "como vaso de agua"....

Como vaso de agua, que no se le niega a nadie.

Así era la chica del barrio aquel.

Llamémosle Elisa, solo por humanizar y por respeto a la protagonista de mi historia...

Elisa es una chica cualquiera, de esas del monton, veintianera llegando a los treinta. Edad de la madurez o por lo menos eso espera. Soñadora, coqueta, inquieta, fuerte por fuera, soberanamente frágil por dentro... Amiguera, traviesa y curiosa, con ganas de vivir, aprender y descubrir...  Con poca suerte en el amor, pero mucha experiencia en lo carnal, en lo sexual, muy a su pesar.

Que le antecede una mala fama por estar siempre acelerada. Dando pisadas alargadas para llegar al final cuando recién empieza una relación. Siempre dispuesta a dar, a entregarse de modo nada solapado. Sin disimulo alguno. Con sus atributos, siendo muchos, abiertos de par en par. Sin morbo, sin tabues ni conflictos moralistas que la envuelvan...

Alegre, cautiva y cautivadora. Presa y cazadora... Perseguida y acechadora... Dejándose seducir por todo aquel que con ella quisiera pasar un buen rato, largo o corto, dependía del hombre porque ella era descomplicada, de "fácil amar".... con la que era fácil comenzar y aún mucho más fácil terminar.

Siempre atenta a "las señales" que le envian los posibles consortes masculinos... para entablar una conversación amena pero breve que inevitablemente terminara en cama.

Elisa sin saberlo actua como vaso de agua... que una vez saciada la sed de aquel que la tomó, la desecha... cual trasto lanzado al lavaplatos para ser reciclada mediante la magia del agua y el jabón, dejándola como nueva, presta para que otros más puedan tenerla a su disposición.



... Como vaso de agua, siempre utilizada. De la única manera en que se siente "bien tratada".... con ansiedad, con apuro, a lo clandestino, con urgencias para luego albergar en ella un sentimiento de mayor vacio que el dejado en el encuentro anterior.

Asi es ella, como un gran vaso de agua. Frio o caliente, pero como el vaso aquel que no se niega, que se regala, que se entrega de manera totalmente gratis...

También es transparente. No engaña ni miente. No es una prostituta, tampoco es una chica promiscua. (Es en este momento que Ud. querido lector, se sorprende y gira su cabeza de un lado a otro, en señal de desaprobación, porque piensa que Elisa es una gran puta....) ... Le aclaro: tal vez, solo tal vez, es un poco regalada...

Es una ingenua al creer, maliciosa al querer y lastimada al dejarse vencer...
Repito, no practica la infidelidad. No cree en los amantes, en orgías ni en trios.
Es leal, sincera y honesta. Atributos subutilizados, poco valorados y nulamente observados por el destello palpitante y embriagador de sus pronunciadas caderas y su cadencia al andar ... 

Abierta cual libro interesante que muchas manos han leido, con sus páginas manchadas, con olores quizás nauseabundos y con dobleces por doquier y a pesar de ello, aún con historias por contar, mundos por conocer así como cielos y soles por descubrir... y demasiado amor por ofrecer.

Le gusta amar y que la amen. La enloquece el amor y todos sus paradigmas, misterios y enredos.
Le gusta el compromiso, las atenciones, los mimos, la galanteria y los juegos previos. Le encanta el arte de la seducción y el flirteo... Lo sabe jugar muy bien, aunque siempre resulta perdedora. Al parecer, el orden de los factores sí afecta el producto...

Solo entrega lo que considera es lo mejor y único que tiene para ofrecer, su cuerpo, sus caricias, besos y momentos.

No sabe hacer más. No le enseñaron a más.

Está sedienta de afecto. Muere por aceptación.

Lo ve como un trueque justo, favorable... un intercambio más necesario para ella que para cualquier otro, con amplias ganancias que persigue una y otra vez... compañía, conversaciones, alegrias, apoyo, salidas, risas, placer, protección.       También amargas despedidas, confusión, vacío y dolor...

Elisa entiende vagamente lo que es que es una relación, pero siempre tiene una en ciernes, en su vida o en el salón de "espera".
No ha apagado una vela, cuando ya va prendiendo otra...

Y vive confundida.... que para ella es lo mismo compañia que el sentimiento de no sentirse sola por ratitos, el sexo y el amor, el amor y la necesidad... Confunde "el soy utilizada" por la tan trillada frase "éste... éste sin duda me ama" y va de hombre en hombre dando tumbos sin cesar, absorta en el mismo ciclo una y otra vez, en una espiral empinada sin parecer que podrá detenerse en algún punto de su trajinada vida... 

Sabe que ya van muchos, y sin embargo, lo sigue intentando.
A pesar del que diran, de las miradas desaprobatorias, de los murmullos y cuchilleos al ellar pasar...

Tiene fe absoluta en que en algún lugar él la espera. No sabe cuando ni quién sera, mucho menos cómo... Lo cierto: Ël la busca, la necesita y la desea, solo que aún no la ha descubierto...


Sus vidas aún no han hecho "click" pero lo siente cada día más cerca. Lo presiente, lo adivina. No tiene idea
quien será, pero existe. Está alla afuera. Puede ser cualquiera. Solo debe estar atenta, receptiva y dispuesta... Lista para dejarse "atrapar"...  Puede ser aquel que hoy en la noche le sonreira... o quien le mandó ayer su número de celular anotado en un papel... o el hombre aquel que la sigue todas las tardes desde su auto, camino del trabajo a casa...o el tonto del trabajo que no se atreve a acercarse, por miedo a su "fama" pero que ella sabe, que es por él en silencio, admirada.


No tiene certeza quien la sacará de este torbellino de amor en el cual
vive, pero lo siente cerca...Cada día más cerca... Por tanto, sigue atenta ... a los gestos, miradas, sonrisas y ademanes de todo hombre nuevo que llega a su vida... presurosa  a darle el sí a sus avances, con la esperanza de que éste sea el definitivo...

Con la esperanza de ser, por enésima vez, la "elegida"... entre tantas aguas que existen en el mercado, unas de colores, otras con sabores, aquellas aromatizadas, algunas nacionales, otras extranjeras. Todas más caras e inaccesibles que ella... pero todas compitiendo por ser tomadas...

      Mientras tanto, Elisa, transparente, sencilla, descomplicada y demasiado barata, sigue encaramada en su montaña rusa, dando vueltas, bajones y subidas, regando su agua en cada curva o en cada zigzageo mortal de su andar... 

y sigue a la espera... como un vaso de agua más, que no se le niega a nadie y que con seguridad aplaca la sed...  

de a momentos, de a poquito... por raticos.... pero de que aplaca la sed, la aplaca!!!