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viernes, 27 de marzo de 2026

ACTO DE AMOR

Aquella madrugada tortuosa no fue un final, fue un acto de amor en silencio.

La casa dormía. Y en ella sus inquilinas.

El aire estaba quieto, como si el mundo hubiera decidido no interrumpir.

Las niñas descansaban, envueltas en la inocencia de los sueños, ajenas al temblor que empezaba a recorrer el cuerpo de su madre.

Ella abrió los ojos y supo que algo no estaba bien.

No era el cansancio de otras veces, ni el eco conocido de los tratamientos.
Era distinto. Profundo. Inexplicable.

Se incorporó con cuidado, respirando como podía, sosteniéndose en su propia voluntad.
Y en medio de ese malestar que crecía, pensó en ellas. Como siempre: en ellas.

Caminó despacio. Cada paso era un esfuerzo, pero también una decisión.
Llegó hasta la puerta… y se detuvo.

Las miró desde lejos.

Allí estaban, dormidas, en paz. Risueñas e inocentes. Ajenas al malestar que la consumía a una velocidad antes desconocida para ella.

Pudo acercarse.
Pudo rozar sus mejillas.
Pudo darles ese último beso.

Pudo. Pero no lo hizo. Las imagino jugando en sus sueños...

No lo hizo. No porque no quisiera…
sino porque en su corazón aún vivía la esperanza de volver,
de regresar, de abrazarlas después, de darles todos los besos pendientes y un poco màs.

Y, al mismo tiempo, en lo más profundo, algo le susurraba que tal vez no sería así. Un frio le nublo aquella esperanza y ese presentimiento silencioso, eligió lo más grande: protegerlas.

No las despertó.
No llenó ese instante de angustia.
No dejó que el miedo tocara su descanso.

No deseaba que la viesen sin aliento, cansada y asustada.

- “Dios, ¿por qué me siento tan mal?”, se dijo para si susurrando, viéndose frente al espejo del baño. 

- “Que pálida y deshecha me veo. Dios. 

Repetía para sus adentros 

- ¿por qué me siento tan mal?”  No como una queja, sino como quien busca entender lo que el cuerpo ya sabía.

Y aun así, no se detuvo. 

Se alistó.
Se sostuvo.
Buscó ayuda.


Hasta en ese momento, cuando su cuerpo comenzaba a rendirse, su corazón seguía firme en un solo propósito: ellas.

Porque el amor de una madre no se mide en despedidas,
sino en todo lo que hace para que sus hijos no sufran.

Y así fue.

Mientras el tiempo avanzaba y su cuerpo luchaba una batalla invisible,
ella seguía cuidándolas… incluso desde la distancia, desde el dolor. Incluso desde la inconsciencia.

No hubo gritos.
No hubo despedidas que rompieran la noche.
Solo una decisión silenciosa, inmensa:

dejar ese beso en pausa…
guardado en la promesa de un después que deseaba,
aunque su alma, en un rincón callado, temiera no alcanzar.

Y aunque el mundo parezca decir que ese fue su último día, 

que presentía la muerte de forma consciente, 

que fue egoísta al no despedirse, 

que porque sintiéndose tan mal no corrió, 

que decidió irse … 

la verdad es otra.


Salió pensando en sus hijas

Lucho y protegió hasta el último momento
No se fue en abandono.

Ese día, esa madre hizo lo que hizo toda su vida:

Amar y cuidar… hasta el último latido de su corazón.

 


lunes, 23 de marzo de 2026

ADONIS y la fragilidad de la belleza

 Hijas,


La vida tiene una manera muy silenciosa, pero contundentemente inevitable, de enseñarnos lo que realmente importa. A veces no lo hace con palabras, sino con el paso del tiempo.

Voy a decirles algo que tal vez no suene bonito ni muy creíble viniendo de mi, pero es verdad absoluta: La belleza no vale nada… si está vacía. Repito, no vale nada.

Porque esa cara perfecta que HOY deslumbra, ese cuerpo que hoy provoca miradas, esa “perfección” que parece abrir puertas y que muchas veces es admirada… todo eso tiene fecha de vencimiento y a veces hasta de expiración prematura. 

Y no es una amenaza, es una ley de la vida.

Cuando uno es joven, los ojos se dejan deslumbrar fácilmente. La belleza parece una promesa, una garantía, casi un valor eterno. Vana ilusión!!!

Recuerdo en mis tiempos de escuela, rostros admirados, cuerpos perfectos, personas que parecían tenerlo todo solo por ser hermosas, atractivas o de buen ver. Eran “los más bellos”, los más deseados, los que hacían suspirar a todos, los màs buscados, los más celebrados, los que todos querían tener cerca...

Pero el tiempo… el tiempo con su majestuosidad no negocia con nadie. 


El tiempo no pide permiso. Y un día, sin hacer ruido, pasa la cuenta y a veces de la peor manera.


Y lo que ayer u hoy parece inalcanzable, mañana puede ser irreconocible y hasta despreciable. Lo que antes era motivo de admiración se transforma. El cuerpo cambia, el cabello cae, la piel se cansa, la vida deja marcas. Y entonces ocurre algo revelador: aquello que parecía tan valioso… ya no sostiene nada.


Hoy, esos “bellos” no tienen nada “físico o externo” que sostenga lo que fueron. Porque nunca
construyeron nada más allá del espejo.


Porque la belleza, hijas mías, es prestada. Es momentánea. Es una envoltura que inevitablemente se
desgasta, se arruga y se daña. 


Y cuando la belleza se va —porque CREANME que se va— queda lo que realmente eres y es aquello que no se desgasta —SI SE CULTIVA— y es el carácter, el don de gente, los valores y la bondad. La forma en que alguien trata a los demás. La paz que transmites. La inteligencia emocional. La capacidad de tratar y amar bien y con respeto.


Cuando pasa el tiempo, ahí no hay maquillaje. ahí no hay filtros. ahí no hay aplausos ni redes. 

Solo queda la esencia REAL de cada quien. Y si esa esencia está vacía, no hay nada que rescatar.

Por eso quiero pedirles hijas mías, algo desde lo más profundo de mi corazón: no se dejen engañar por lo que ven sus ojos en un momento... No elijan desde el brillo superficial, porque ese brillo se apaga. Ni se dejen elegir, dado sea el caso, por su físico o atractivo.  


Miren más allá.


Miren cómo habla una persona, cómo reacciona cuando algo no sale bien, cómo trata a quien no puede ofrecerle nada. Como conforta, consuela y anima. Miren su esencia. Porque eso es lo que se queda cuando todo lo demás cambia. 


Por eso quiero que entiendan esto, aunque el mundo les diga lo contrario: no se enamoren de una cara bonita y vuelvo y repito, No se dejen elegir por alguien solo porque ustedes también lo son. No confundan deseo
momentáneo  con valor permanente.


Porque el deseo pasa. La novedad se acaba.

El cuerpo cambia. La vida arremete y golpea.


Y cuando todo eso ocurra, lo único que va a importar es quién es esa persona por dentro.


Elijan a alguien que tenga profundidad.

Que tenga valores.

Que tenga humanidad, respeto y empatía.

Que tenga algo que ofrecer incluso cuando ya no quede nada “socialmente perfecto” en él o en ella.


Porque la vida real no se vive en fotos, reels ni historias.

La vida es largamente corta, y el amor verdadero no se construye con perfección física, sino con compañía, respeto, paciencia y verdad.


Se vive en los días difíciles, en la enfermedad, en el cansancio, en la rutina… y ahí, la belleza no sirve de nada ni sustenta nada.


Habrá cambios, inevitables. El cuerpo cambiará, la vida dará giros, habrá pérdidas, enfermedades, transformaciones. Y cuando eso ocurra, lo único que sostendrá una relación será lo que está dentro.


Ahí sirve el corazón. No se equivoquen en eso.


Y eso, hijas, no se ve… pero se siente, se sufre o se agradece todos los días.

Elijan a alguien que siga siendo hermoso por dentro incluso cuando la vida lo despeine por fuera.


Con amor,

Mamá

viernes, 11 de julio de 2025

EL CHOQUE.

Voy por la vía correcta.

No hay letreros de alto.
No hay señales de advertencia.
¿Para qué frenar?
¿Por qué tener precaución si conozco la calle?

La ley me asiste.
El sentido común me acompaña.
La suerte... la razón, quizás, me sonríe.
Y la voluntad de Dios me permite seguir.

Voy feliz.
Pensando: “Este será mi día”.
Mi momento.
Mi hora buena.
El punto exacto en el mapa donde todo está bien.


Pero de pronto, sin aviso,
sin anticiparlo: un golpe brutal.
Seco.
Violento.
Inesperado.


Un carro viene de la derecha.
Salido como alma que no es de Dios.
No miró.
No pensó.
Rápido. Como un animal desbocado, me enviste.

Me enviste con la fuerza de quien ignora el respeto,
sin precaución, sin lógica, sin freno.
Como si yo no existiera.



Mi auto gira, da vueltas,
se convierte en trompo.
Ruleta.
Danza salvaje sin música ni control.

Y mientras ruedo, como en cámara lenta,
mientras el mundo se desarma en colores rotos,
mi mente se abre a un espacio entre el caos y la conciencia.

¿Es suficiente manejar bien?
¿O hace falta también leer mentes,
detectar miedos ajenos,
intuir intenciones ocultas tras un volante?  

¿Se puede prevenir el caos?
¿Anticiparse al otro?
¿Adivinar sus ganas de morir o de matar?
¿Se puede huir de quien te hará daño?
¿O el destino se burla de nuestras precauciones?

Filosofía urgente de segundos que saben a semanas, que parecen años.
Reflexiono entre las vueltas. Y me aboco a mí.

¿Fui justa?

¿Hice reír? ¿Fui útil?
¿Cumplí con lo que debía?
¿Qué dejé sin hacer?
¿Qué debí decir más fuerte, más claro, más de frente?
¿Amé con la intensidad que exige la vida?
¿Dejé huellas o solo pisadas que el viento borrará?

¿Y si este es mi final…?

Me asalta una duda punzante:
¿Mi ángel de la guarda...? ¿Estaba cansado ya?
¿Se distrajo? ¿Se hartó de protegerme?
¿Se hartó de mi ceguera?
¿Decidió que era hora de soltarme?

Y me pregunto, por los otros, por ti, por ellos, por él:
¿Alguien me extrañará?
¿Qué extrañarán de mí?
¿Quién me llorará?
¿Mi risa? ¿Mis enojos? ¿Mis historias largas y mis silencios tercos?
¿Mis abrazos, mis reuniones, mis canciones favoritas?
¿Mis caderas, mi olor, mis jadeos?

¿Quién dirá mi nombre en voz baja, con un nudo en la garganta?
¿Dirán algo frente a mi féretro...?
¿Confesiones tardías...?
¿Alguien se acercará, sin consuelo, a decirme lo que nunca se atrevió?
¿Tú llorarás, mientras otro respirará en paz?

¿Se hablará de mí con nostalgia o con alivio?
¿Seré un punto de sal ante el mundo?
¿Dejaré un legado?
¿O solo un perfil congelado en redes sociales...?
¿Una enseñanza, una frase que alguien repita alguna vez como si fuera suya?

¿Imprimirán fotos mías...?
¿Bailarán por mí...?
¿Fornicarán en mi nombre?
¿Brindarán con ron?, lanzando un poco al suelo: 
"¡Por ella, la loca, la valiente, la terca, por la que ya no está!"

Y la gente…
¿Se llenará la iglesia de hipócritas...?
¿O será un solar vacío con mi madre e hijas…?

¿Mis hijas ya están listas para seguir sin mí?

¿Mi madre podrá resistir este adiós?

¿Mi muerte pesará...?
¿O pasará como una hoja suelta en el ruido del mundo?
¿Se sentirá mi partida como un derrumbe?
¿Seré una noticia más en el hilo de la vida ajena?
¿Mi muerte impactará más que a mí misma, que la perdí de golpe?


Y en medio del giro, del giro y del giro,
en ese vaivén hacia lo incierto, entiendo que somos frágiles.
Y que se me acaba el tiempo.
Y que un solo suspiro nos separa de la eternidad.

¿Cuánta incertidumbre cabe en un vuelco?

¡Cuántas ganas de vivir siento muriendo!

Y si no sobrevivo…

cuando el carro finalmente se detenga…
cuando todo quede en silencio…
cuando el mundo se vuelva a poner de pie,
cuando esté rodeada de fisgones grabando el suceso,
llorando por una extraña vuelta,
nada en la nada...


¿Qué quedará de mí?
¿Quedará de mí algo más que el eco?

Ojalá al menos quede intacta.

Maquillada.
Bien peinada.
Con el brassiere sujeto
y el panti cubriendo mi abdomen.

Para que quienes me vean digan:
"Qué joven. Qué guapa. No merecía irse así."

martes, 29 de abril de 2025

Quédate, pero no entres

Me gusta la compañía,

pero no la cercanía que se pega y se introduce a la piel.

Me gusta la conversación,
pero no esa intimidad que husmea entre las grietas y me deja un olor a desazón.

Disfruto del ruido, del caos, del jolgorio, del anonimato, de la distante indiferencia, de lo superficial. Lo que se siente a medias, 
no del silencio, las confidencias y las miradas atentas que me obligan a abrir la puerta. Y escapar.


Quiero que estés,
pero no dentro. y menos a gusto. No amañado.
Que compartas el fuego,
pero no me pidas que te deje dormir en mis cenizas 

ni que te brinde mi hoguera. Mi espacios, mi casa. 

No soy refugio.
No soy terreno abierto.

Puerto de paso sin la espera de navegante alguno. 

Fogata. Rebeldía. Montañas sin conquistar.

Ola bravía que viene, que va.

Cofre de tesoro sin tesoro alguno que hurtar.


Soy más bien un campo minado de energía:
acércate si quieres bailar, reír, disfrutar… 

pero no te confundas.

No es amor lo que te ofrezco.

ni confidencias ni lealtades ni confianza.


Es mi presencia.
Y eso es lo que vale.

martes, 6 de julio de 2021

90 días después.

 

Hoy me levanté feliz. Normal. Tranquila y como de costumbre, desde hace “toda la vida” temprano. Con ganas de hacerlo todo medianamente bien, como una de esas mortales que de modo repetitivo no se exige mucho. Que se levanta. Produce. Descansa y repite el ciclo.

Me levanté con una mayor consciencia sobre el control excesivo, los planes y los detalles pormenorizados. Hasta hoy entendí que solo generan ansiedad, dolores de cabeza, de pecho y no garantizan la perfección. Lo que si producen y mucho, es una sensación de insatisfacción prolongada. Doy fé de ello.

Por ello prometí dejar que todo fluya y escapar de la compulsión de querer arreglarlo todo.   

Tomé mi acostumbrada taza de café. Uno de los grandes placeres, hace muy poco descubierto, en mi vida. Placer que junto al olor a hierba húmeda y el cantar de los pajarillos, se convierten en mi oasis personal para iniciar el día.  Defequé recién me levanté. Cosa extraña. Esto siempre sucede después de desayunar.

Luego del ritual del baño, maquillaje, peine y colocarme panti y brassiere, desayuné escuchando un audio del cuento de Charles Bukowski llamado “Se Amable”.

Siendo las 6:33 a.m. me dispuse a cocinar el desayuno de mis niñas. Todos en casa dormían, inclusive Keysi. El búho en la familia siempre he sido yo. No logro dormir mucho ni bien. Tal vez el golpe sufrido en mi cabeza, hace varios lustros atrás, al caerme de la hamaca en Chiriquí, salió años después. 

Y de pronto. Una ráfaga de frío me invadió, se me llenaron los ojos de invierno.

Me invadió una tristeza, un vacío atemporal. Pero no ese tipo de tristeza fuerte, sino una desazón llena de dudas.  “¿y si aún estuviese aquí?

6:33 a.m. en punto.

La misma hora en que mi madre hace tres meses atrás me confirmaba 

- Te espero hija, vamos a hablar con los doctores de Manuel y de paso, lo visitamos.

Visita que sin sospechar se convertiría en la última.  

Visita traducida en una despedida casi definitiva. Casi. 

Porque soy consciente que tenemos un reencuentro latente. Solo toca espera con calma y sin mucha prisa. Esa cita es inevitable, pero tampoco  me urge en afanes ir a su encuentro... 

Ya 90 días sin la presencia física de nuestro querido Manuel “El Tigre”. 90 días. Cortos, largos, tediosos, en alta con bajas, lentos, ajetreados.

Días con muchas lluvias cual lamentaciones del alma. Exceso de fríos y un calor infernal. 90 días con sustos, preocupaciones, alegrías, nuevos inicios y sorpresas.

90 días después,  la vida sigue. Sin tregua, sin espera. A la carrera. Obligándonos a seguir, empujando a cada uno de modo diferente, con sentimientos y reacciones diferentes, casi sin permitir que nos detengamos a pensar, a sentir, a llorar. Cada quien continua viviendo a su manera. Unos pocos pusieron distancias. Otros, cercanías.  Otros volvieron a su mutismo selectivo. y la vida, río impetuoso en si mismo, sigue su curso. Arrastrando miedos, soledades y fortaleciendo el amor. También eso, el amor. Y nos sentimos vivos.  

¿Seguimos vivos?  O ¿solamente fingimos hacerlo?  

Desde su muerte, siento que vivimos en un gran salón de espera. En el salón hay un gran foco blanco que corona nuestras cabezas y llena de calor todos nuestros cuerpos. Mientras esperamos podemos amar, pecar, discutir, trabajar y vivir. Es algo así como un espacio interactivo o una especie de reality show.   En este salón amplio, iluminado y pintado de  blanco, hay un gran letrero llamativo, tipo los utilizados en los baratillos de poca monta de la Central. Los que me se de memoria pues crecí en dicha área. El punto central del salón es ese letrero llamativo. Es  rectangular con fondo amarillo y bordeado con focos como una cinta trenzada. Focos todos alrededor del cuadro gigante que titiritan luces color arcoíris y dentro del cuadro parpadea la palabra Esperanza con un color azul mar. 

Siento que el Director del salón de espera nos observa, y pese a que siento su presencia, no puedo aún escuchar su voz. 

Se que estoy en esa sala de espera viendo el cuadro y me llenó de la convicción que la cita se dará y lo volveremos a ver. Y no vendrá solo. 

Sonrío. 

Lo acompañaran quienes partieron antes. 

Mis abuelos maternos, paternos, mi hermana Vanessa, mi hijo Rolandito y acudirán reídos sin entender porque acá abajo estamos aún tristes, estábamos ayer angustiados y estuvimos hoy cabizbajos fingiendo que sonreíamos más de la cuenta.   



Y siendo las 6:33 a.m. en mi cocina, frente a una paila repleta de aceite de oliva, friendo unos patacones, sentí vergüenza, cual Eva en el Paraíso y cubrí mi cuerpo con una toalla.

– ¡ Respeta!  Manuel te está observando...




Pensé en él. En su sonrisa pequeña y franca, algo ladeada, que dejaba entrever unos diminutos y auténticos dientes blancos, todos en su sitio dentro de unos labios casi imperceptibles, demasiados delgados.

Lo imaginé, puedo jurar que lo vi frente a mí, sonriendo.

Con esa sonrisa   que no regalaba a todo el mundo. 

Frente a mi. Formal, serio y hasta gruñón. Demasiado recto en sus pensamientos y tan lleno de reglas y direcciones para vivir bien, no joder a nadie y repito, vivir tranquilo. Demasiado bien para mi gusto.   

Y pensé...

En lo mucho que hemos perdido con su partida.


      En el salón blanco, vi un cuadro muy pequeño de un barco.

Estaba casi escondido en una esquina. Parecía olvidado. 

Dentro del barco estaba lleno de gente. Igual de lleno estaba el salón blanco. Pero en el barco todos permanecían muy cerca y si uno se movía, afectaba al resto.  Nadie podía caerse, porque la gente apretujada se convertia en algo asi como vigas.

Parecía un arca, pero muy pequeña. 

Entonces, entendí que la familia era ese barco. La pareja también lo es. Aglutinados en un seno pequeño, a veces con roces, sin derecho a la privacidad real y de vez en cuando, esa misma familia te hace sentir asfixiada. Pero pude verlo con claridad.

Un barco tan pequeño que nos preserva de la inmensidad del mar, de sus peligros y sus oleajes cuando hay marejada.

 A veces creemos equivocadamente que el timón en una relación lo lleva quien más ruido genera,  quien mejor organiza, el estable o aquel que está al frente del barco.

 Creemos que es quien agarra el timón y lo mimetizamos con el mismo, haciendo del timón-hombre-guía un solo sujeto. Pero el timón-ancla-estanco puede ser quien guarde más silencio, quien esté oculto, quien observa agazapado, quien infunde respeto solo con su presencia.

Así era Manuel, como esos espacios silenciosos, como esos compartimentos llenos de aire que mantienen el barco a flote, evitando que se hundan. 

Así era él. 
Su sola sombra y lento caminar daban estabilidad a la familia y su ausencia se nota, pesa y tambalean muchas vidas, aun cuando no se hable de ello o se finja no verlo.   Aun cuando finjamos que seguimos navegando sobre tormentas, sin miedo al naufragio.   

Luego sentí, unas ganas inexplicables de pensar en él. De escribir por él. Y caí en cuenta que quienes en las redes sociales escriben a sus seres queridos ya fallecidos, no les escriben a ellos. No escriben para generar likes, mucho menos para inspirar compasión u oleajes de empatía.

La realidad es que nos escribimos a nosotros mismos, a quienes hemos perdido algo con la partida del ser que amamos o admiramos. Los que hemos quedado, inevitablemente y a nuestro pesar, atrás.

Y heme aquí escribiendo a Manuel, pero sobre una base totalmente egoísta. Pensando solo en mí. Recordando que todas las noches le preguntaba a mi mamá, cada vez que ésta cerraba el teléfono 

– No me digas, ¿era Kathy?. ¿Y qué dijo hoy mi hija querida? ¿Qué cuento te echó?  

Y Zeny empezaba cual cuenta-cuentos a narrar con lujo de detalles mis aventuras (no son muchas, pero son divertidas) y surgían las risas, los comentarios, las sorpresas, los gestos de desaprobación y hasta angustias. 

Surgían conversaciones largas en base a lo que yo le conté a mi mamá y ella a su vez a Manuel. Era como el juego infantil de los dos vasos con un hilo en el medio, pero sin vaso, sin hilo, solo el amor que nos unía y mis arranques que los hacían reír.

A veces, muy pocas veces, me lo pasaba al teléfono. Él, de pocas palabras, discreto y cortante. Y yo me sentía incómoda porque surgían silencios y no sabía qué más decir. Hay momentos en los cuales no se qué decir. 

Lo que no supe en su momento fue que era un muy buen oyente y tenía toda su atención a mi disposición mientras conversábamos. Tarde muy tarde fui consciente de esto y hoy me pesa. Y me lleno de nostalgia. También de rabia. Siento que perdimos y  mucho. Perdimos tiempo sin saber que ya no habría más tiempo que perder. Abrazos, sonrisas, carcajadas y hasta debates, en los cuales jugamos a arreglar el mundo. 

Y se nos esfumaron momentos y no hay vuelta atrás.

La memoria ingrata, tarde o temprano, pasará las hojas, las arrancará o las borrará.  

Y pasaremos a ser olvido. La vida nos obligará a seguir, preparados o no.

Pienso que debió estar un rato más con nosotros y los doctores que antier miré con gratitud y  veneración, hoy los siento distantes e hipócritas. Pensaba que nos regalaron tiempo de calidad con Manuel. Hoy siento que en su falsa condescendencia nos restaron, sin previo aviso, sin compasión, momentos y conversaciones que ya no se darán.  Los imagino en sus consejos médicos fríos y cerrados, con sus batas blancas, estiradas, nunca sucias, elucubrando si él, Manuel, seguiría recibiendo visitas o si ya eran demasiadas. Tal vez imagino lo que no es. Delaciones sin sentido. Es mi imaginación febril o tal vez mi creatividad maquiavélica  teñida de paranoia.

Imagino lo que perdimos. Lo que no sucedió.  Y descubro, una vez más, que no pensaba en Manuel y en sus 90 cortos/cercanos días largos/lejanos de aquí… sino que pensaba nuevamente en mí y lo que perdí con su ausencia.

Partió un ser callado, discreto y afable dispuesto a escucharme. Dispuesto a decirme en la cara que estaba equivocada y que la vida no es como yo pienso o quiero.

Partió ese ser que te decía de modo frontal       – por allí no es la cosa, te vas a estrellar.

A un observador silente, a un estratega, a una persona sabia con sus "No, no, no, no!". 

Perdí esos ojos pequeños que muchas veces vi hinchados de orgullo, que brillaban ante el mínimo logro alcanzado por quien les escribe. 

A ese hombre sensible que amaba a mi madre sobre todas las cosas. Que la cuidaba, reconfortaba y defendía. Que la acompañaba a regañadientes muchas veces y que fingía observar con atención vitrinas en los centros comerciales, por no reconocer que no podía caminar con el vigor de sus años de mozuelo, pero sobre todo, quien hizo lo indecible por no preocuparla ni darle ningún tipo de sobresalto.  

¡Perdí a quien me bajaba mis rabietas con una sola sentencia, 

– Aquí no Kathia o te vas!

Perdí a ese padre que en las reuniones familiares le gustaba sentarse cerquita de mí, pese a mi desboque, vulgaridad, desenfado y desenfreno.  Siento que lo asustaba y a la vez lo entretenía. Es que siempre sonreía a mi lado, a pesar que muchas veces no estuvimos de acuerdo.

Perdí a ese amigo, que cuando tenía problemas, iba a mi casa, sin previa invitación.

- ¿Cómo va la cosa y qué piensas hacer? y esperaba con parsimonia extrema mi respuesta.  Se sentaba y me ponía su mano grande en el hombro y me hacía sentir paz. 

(Si la casa de Monte Oscuro hablase, me diría que Manuel tiene un sitio importante en el Cielo… )    

Perdí el único que le comentaba a mi mamá 

– Kathy es bien fotogénica. Tu hija en persona es otra cosa!

Perdí a un hombre que lloró cuando mi madre estuvo en cama grave y que no derramó una sola lágrima ni mostró preocupación cuando le tocó su turno de estar enfermo. Que recibía con una sonrisa sus visitas en el hospital, pero de modo selectivo. No a todos quiso recibir... Fuí de las pocas afortunadas. 

Valiente, tranquilo y bromista. Estoico y optimista. Preocupado por todos hasta el final. En cama, en espera, con una sonrisa. Siempre anhelando volver a casa.    ¡Y volvió!

Con su partida, perdí algo de identidad, algo de ilusión y de mi mundo mágico.

Me estrellé con un oleaje de sensibilidad desconocida en mí y tuve que remontar sin preparación alguna una ráfaga abierta de realidad. Gané enfoque. Eso que se llama madurez. Eso creo. Eso dicen por allí quienes me conocen.  

También gané el valor de la palabra empeñada, el cumplimiento de una promesa. 

Palabra y promesa, lo único de valor auténtico que tiene el hombre.

Gané la convicción y la esperanza inequívoca que ambos estamos, por ahora, en mundos paralelos.


Mundos no tan distantes como lo creemos, que se unirán cuando  nuestro Hacedor así lo decida en un mismo plano. 

Manuel, la promesa aquella sigue hoy  en pie.  

Gracias por la invitación a cumplirla antes que la memoria ingrata, tarde o temprano, destruya mis hojas y me obligue a ser olvido.

  

      

 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

A pocas horas del cambio de año....


... y ya quiero que se acabe el 2014.

Año que casí muere, dejándome a mi con un año más a cuestas y uno menos por vivir, pero a Dios gracias con vida... y vida de la buena, de ese tipo de vida gratificante, que al cerrar los ojos, produce sonrisas y suspiros, en la intimidad complice de tus recuerdos con historias no compartidas y emociones algo ocultas.


2014... año que trajo a mi vida momentos interesantes, que descubrió en mí talentos y dichas insospechadas, reencuentros necesarios y esperados y sobre todo,  esa sensación gratificante y algo egocéntrica de que todo lo puedo..... solo hay que intentarlo...


De que no hay imposibles, solo mentes esclavas de sus propios miedos e inseguridades...


Año 2014, ya casí te vas y te confieso que poco te extrañare, a pesar de los buenos momentos que en tí viví, pese a lo mucho que sentí que crecí, que me conocí y me fortalecí.

Igual fue un año donde existió su cuota de dolor al ver partir seres de luz, amigos sinceros, alegres y dignos de ejemplo, de este mundo terrenal hacia tu mundo perfecto y eterno, Señor.

Pero a pesar de todo lo positivo o aleccionador que experimenté en el año que fenece, muero de curiosidad y siento demasiada ansiedad por el nuevo año que en breve se asoma.

Me siento preparada para lo que traera, con sus altas y sus bajas, porque casí de todo he vivido y heme aquí, he sobrevivido, para mi bien y el de la gente que me aprecia, me quiere o inclusive, para aquellos que me malentienden o me envidian, heme aquí de pie, a veces de rodillas, más nunca vencida, para poder seguir brindando un poco de mí a quien lo quiera tomar o apreciar.

Atrás..... Ufffff atrás quedaron en el 2014, vendavales, huracanes, lloviznas fuertes y largas que creiamos no poder superar, a las que le dimos más valor, permanencia y más fuerza del que realmente tenían....

Cambios climáticos que se llevaron muchas cosas, memorias, vivencias, sentimientos e inclusive personas, menos nuestra fuerza, nuestro valor y entereza. Que no pudieron con nuestra determinación de seguir adelante, aún cuando nuestros pasos fuesen débiles al inicio y de un paso a la vez...

Que nos dejaron esa gran satisfacción de sentirnos vencedoras, pese a que todo atentaba, hasta el día de hoy, con sepultar este sentimiento de victoria.

Atrás en el 2014, se quedaron esas ganas necias de llorar por lo que no se tiene y realmente no se necesita para ser feliz y se posesiona con fuerza inaudita esas necesidad imperiosa de reconocer publicamente que no puedo pensar en una vida mejor que la que hoy vivo, junto a quienes más amo y me aceptan tal cual soy. He de reconocer hoy, último día del año, que amo la vida y las oportunidades que me ha regalado Dios!!!

Me imagino que el 2015, traerá su cuota de llanto y malestar, veo ya la pesadumbre, la desazon y  la tristeza  tocando mi puerta a rabiar, exigiendo su tan acomodado y conocido espacio.... pero dudo mucho que los dejaré pasar.... y si a pesar de mi decisión, se cuelan bajo las rendijas o alguna grieta mal sellada por mi, su permanencia será muy poca....

Que mi actitud, mi nuevo yo, no se lleva ya con ellas. Les resultan antipáticamente lastimeras, pesadas y arrogantes ...



Por lo pronto, pondré mi mejor cara.... Resaltaré lo mejor de mí....

Me encaramare en mis tacones y caminaré con mi característica fuerza y seguridad, aun cuando deba ponerme curitas....

Que eso es lo de menos, lo de más es que camino y me sostengo aún con mis dos piernas y mis muslos algo, por no decir muy, carnosos...

Este año que se avecina, tengo resoluciones (asumo que como todo el mundo) pero las mias no son pretenciosas ni siquiera materiales.... "solo" deseo ser mejor hija, mejor madre, mejor compañera, amante y esposa idonea, y sobre todo una mejor hermana y amiga de esas personas que Dios me ha dejado aquí en la Tierra para brindarles mi afecto y lealtad.

Creo que mis aspiraciones, sin ser muchas, son inmensas y algo dificil de realizar. Se requiere compromiso, caracter, constancia y valor para cumplirlas, pero tengo Fé en que si no me dejo boicotear por mis eternos enemigos, la ira y la impulsividad, lograré cumplirlas....

Tengo 365 días para lograrlo y todas las ganas de poner  mis sueños en marcha... por mi, por los mios y por agradecerle a Dios que me da la oportunidad hasta ahora de abrir mis ojos tras el paso de la noche, tras caminar entre tinieblas y sobre todo, que me permite resurgir de mi ocaso, una y otra vez.    Que permite que deje en este viejo año que hoy muere, pedazos de mi ser, inservibles ya para mí y para aquellos a quienes amo y son mi razón de vivir.


Recibamos pues con fuerza, alegria y confianza el nuevo año que se avecina...

Hacía el voy.... Este que se va, ya no hace falta....
Hace falta el que vendrá....

Feliz cambio de año!!!

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Y TÚ, CÓMO ESTAS? ....

uhmmmm, te contesto con sinceridad, cruda y áspera o me permites un tantito para maquillar mi respuesta y mi ánimo con algo de pintura y colores ¿?

Que aún no comprendo la presión social por contestar de modo automático Y GLOBAL  a dicha pregunta con un sencillo (y casi siempre falso) BIEN!!! 

He de estar loca, en realidad debo estarlo porque no todos los días una se siente bien.... es que digo, no es normal.... y mucho menos lo seria, si todos y todas se atreven a aseverarme que si lo estan siempre... O ES QUE NO TIENEN FLUCTUACIONES EN SUS NIVELES DE SEROTONINA Y DOPAMINA?

Y ojo, que no me refiero, a estar eufórica, excitada de felicidad, dando brincos de alegria.....  No me refiero a ese estoy bien porque dicha sensación ha sido provocada ya sea por un hombre luego de una relación sexual con buenos resultados, asistir a un concierto de tu artista favorito y sujeto de todas tus más perversas fantasias, recibir un aumento, una buena noticia o una visita inesperada, comprarte el vestido soñado, viajar, cambiarte el tono de color de cabello, salir a bailar hasta entrada la madrugada,  haber recibido el regalo esperado, complacerte con el premio o compra que te merecías, vencer una enfermedad, salir viva del parto, ver a tu hijo cada mañana o no contagiarte de una enfermedad crónica...... No no me referia a este tipo de ESTAR BIEN, que para mí el verme afectada de manera positiva por hechos externos, provocados o no por mi, no significa que se este bien........ significa que por suerte, azar o esfuerzo la pase bien....

Cuando te saludan con un "Que tal, como estas?".....y tú contestas al azar o corriendito ESTOY BIEN, te cuestionas alguna vez si ese "bien" es dicho y sentido  "en serio o de verdad" o es una mera costumbre social para "encajar"???... (la verdad, a nadie le gusta ser el "raro", lo confieso...)

Que no es mi intención hacer una apología de la felicidad ni inmiscuirme en sus "verdaderas luchas, secretos, problemas y complejos", si total, les anuncio, TODOS LOS TENEMOS, pero si recordarles que no se debe usar este concepto filosófico tan a la ligera...


Para mi,  el estar bien alude a ese momento sublime en el que  estas tranquila, en paz contigo misma, en el que sientes que  gozas de ese estado emocional cuasiperfecto donde estas "a gusto con tu ser", cómoda con tu piel, con quién eres y hasta donde has llegado tanto interna como externamente.... No que seas perfecta, pero sí que te agrades como seas y que con los dones que tengas (no me refiero a NADA ECONOMICO O MATERIAL) TE SIENTAS BIEN.....

Ese estado que muy pocas personas gozan en el cual te conoces a fondo, te aceptas, te gustas, te disfrutas y lo que ves, escuchas, hueles y palpas de tí misma te da satisfacción y auto placer, independientemente de lo que sea te este sucediendo... ese estado en el que afirmarias con seguridad que te amas ya que no quisieras cambiar nada dentro de tí y no digo por fuera, por Dios!!!, que TODAS queremos cambiar detalles por fuera.... y la que este leyendo y en este momento gire su cabeza en un gesto de negatividad o desaprobación, pues que vaya a confesarse con su Pastor o Sacerdote, porque está pecando al mentir tan descaradamente o acuda a un Psicólogo, por que se encuentra en negación!!!.

Lo cierto es que esta sociedad, que ahora más que nunca vive de la taquilla, la fama, el que dirán, los chismes, el índice de popularidad, los "realities",  los "likes" y las "selfies", está basada en la exposición de tu vida como ejemplo de lo feliz que puedes llegar a ser, la envidia (que nunca es de la "buena" ni mucho menos, sana) que puedes generar rn otros y la espera de la aprobación, aplauso y reconocimiento de medio mundo....

Solo deseo expresar que si tu ESTOY BIEN se basa en los señalamientos o aprobación externa, pues nunca serás feliz y realmente carece de total sentido o cual el cuento de los tres cerditos, tiene una base superficial, débil y fatua... que con el primer soplido de los tantos lobos feroces que nos rodean (disfrazados de  ovejas y que realmente son gente mal intencionada, indiscreta, metiche o imprudente) se irá al traste....

Que lo afirmo porque lo se. Y lo se porque lo he pasado, lo he vivido y me he sentido mal, re mal...

Que detesto decir ESTOY BIEN sin sentirlo, sin experimentarlo. Que a mí lo de fingir no se me va muy bien y el de ser aceptada socialmente como res para el matadero, mucho menos....  Prefiero decir "alli voy", "más o menos", "luchando" o "hoy no es mi mejor día" o "vivo!!, sencillamente vivo!!!".... IGUAL AUNQUE DIJESE BIEN, MI CARA, MI TONO DE VOZ, MIS GESTOS ME DELATAN..... y quienes me conocen, saben que asi es....

No caigo en esa farsa de pensar que si estas triste, incómoda, molesta, amargada, ansiosa, nerviosa, tensa o lo que se me venga en gana, estoy lejos de ser perfecta.... o lejos de ser lo auténtica y agradable que puedo llegar a ser... Más bien, soy consciente que el estar bien, bien de verdad es un camino que se hace andando y que generalmente es cuesta arriba, en el cual hay que luchar por sentir realmente esta sentimiento de bienestar.

Es que  no acepto esa creencia de que las personas que lloran sean consideradas débiles, sensibles o inestables.... Por regla general, es todo lo contrario.... Que no es más fuerte el que nunca llora o nunca se quiebra, que no es más débil el que se siente mal y lo expresa.... sencillamente somos seres humanos con toda una gama de emociones y sentimientos dentro de cada uno y el expresarlos no nos hace menos.....  y basícamente es esto a lo que quiero llegar hoy, a que se me reconozca por lo que soy, por lo que estoy dispuesta a dar, como un ser humano más con sus luchas internas, a veces inentendible, que de tanto en tanto se toma un alto o dos o tres para llorar, levantarse, quitarse el polvo y seguir su camino en este andar que se llama VIDA...

Por cierto, y tú, como estas??? ....

no taches tu respuesta..... ten la osadía de ser tu mismo y sincerarte, aprendiendo y valorando cada emoción que emerge de tí....