Hijas,
Voy a decirles algo que tal vez no suene bonito ni muy creíble viniendo de mi, pero es verdad absoluta: La belleza no vale nada… si está vacía. Repito, no vale nada.
Porque esa cara perfecta que HOY deslumbra, ese cuerpo que hoy provoca miradas, esa “perfección” que parece abrir puertas y que muchas veces es admirada… todo eso tiene fecha de vencimiento y a veces hasta de expiración prematura.Cuando uno es joven, los ojos se dejan deslumbrar fácilmente. La belleza parece una promesa, una garantía, casi un valor eterno. Vana ilusión!!!
Recuerdo en mis tiempos de escuela, rostros admirados, cuerpos perfectos, personas que parecían tenerlo todo solo por ser hermosas, atractivas o de buen ver. Eran “los más bellos”, los más deseados, los que hacían suspirar a todos, los màs buscados, los más celebrados, los que todos querían tener cerca...Pero el tiempo… el tiempo con su majestuosidad no negocia con nadie.
El tiempo no pide permiso. Y un día, sin hacer ruido, pasa la cuenta y a veces de la peor manera.
Y lo que ayer u hoy parece inalcanzable, mañana puede ser irreconocible y hasta despreciable. Lo que antes era motivo de admiración se transforma. El cuerpo cambia, el cabello cae, la piel se cansa, la vida deja marcas. Y entonces ocurre algo revelador: aquello que parecía tan valioso… ya no sostiene nada.
construyeron nada más allá del espejo.
desgasta, se arruga y se daña.
Y cuando la belleza se va —porque CREANME que se va— queda lo que realmente eres y es aquello que no se desgasta —SI SE CULTIVA— y es el carácter, el don de gente, los valores y la bondad. La forma en que alguien trata a los demás. La paz que transmites. La inteligencia emocional. La capacidad de tratar y amar bien y con respeto.
Cuando pasa el tiempo, ahí no hay maquillaje. ahí no hay filtros. ahí no hay aplausos ni redes.
Solo queda la esencia REAL de cada quien. Y si esa esencia está vacía, no hay nada que rescatar.
Por eso quiero pedirles hijas mías, algo desde lo más profundo de mi corazón: no se dejen engañar por lo que ven sus ojos en un momento... No elijan desde el brillo superficial, porque ese brillo se apaga. Ni se dejen elegir, dado sea el caso, por su físico o atractivo.
Miren más allá.
Miren cómo habla una persona, cómo reacciona cuando algo no sale bien, cómo trata a quien no puede ofrecerle nada. Como conforta, consuela y anima. Miren su esencia. Porque eso es lo que se queda cuando todo lo demás cambia.
Por eso quiero que entiendan esto, aunque el mundo les diga lo contrario: no se enamoren de una cara bonita y vuelvo y repito, No se dejen elegir por alguien solo porque ustedes también lo son. No confundan deseo
momentáneo con valor permanente.
Porque el deseo pasa. La novedad se acaba.
El cuerpo cambia. La vida arremete y golpea.
Y cuando todo eso ocurra, lo único que va a importar es quién es esa persona por dentro.
Elijan a alguien que tenga profundidad.
Que tenga valores.
Que tenga humanidad, respeto y empatía.
Que tenga algo que ofrecer incluso cuando ya no quede nada “socialmente perfecto” en él o en ella.
Porque la vida real no se vive en fotos, reels ni historias.
La vida es largamente corta, y el amor verdadero no se construye con perfección física, sino con compañía, respeto, paciencia y verdad.
Se vive en los días difíciles, en la enfermedad, en el cansancio, en la rutina… y ahí, la belleza no sirve de nada ni sustenta nada.
Y eso, hijas, no se ve… pero se siente, se sufre o se agradece todos los días.
Elijan a alguien que siga siendo hermoso por dentro incluso cuando la vida lo despeine por fuera.
Con amor,
Mamá
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