miércoles, 10 de junio de 2015

La soledad pese al abrazo.

Que no me digan que la compañia se nota, pesa y se siente, porque muchas veces no es asi. Incluso, a veces, incomoda. Asusta y enerva.

Hay momentos en que te sientes acompañada estando sola y otras, muchas... más de lo que debería ser, te sientes vacia, sola y deshecha cerca de tanta gente, jolglorio y afecto.

Y he de reconocer, a regañadientes, lo que tanto se lee y escucha por alli de maestros y de falsos líderes que incautan  almas carentes de afecto  y bolsillos de ingenuos desprotegidos de amor propio, que son demasiados y por ello, demasiadas las estafas: Y es que no se puede sentir lo que no se tiene, aún cuando lo anheles.

Por eso, puede ser tu sueño que te amen, consientan y respeten. Pero si no sientes ninguno de estos sentimientos por ti misma, imposible sería atraerlos, raro reconocerlos, extraño aceptarlos y casí improbable sentirlos con agrado.

Es que cuando se anda a la defensiva y con sentimientos de paranoia y sospechas infundadas, todo lo vez "mal intencionado" o
con doble y misterioso matiz, a pesar de que sea para tu bien, todo, absolutamente todo lo verás mal y por ende, tendrás el irresistible impulso de evitarlo, huir o escapar.

Con dolor he de reconocer que no se puede negar que el sentimiento de "desmerecer" lo que mereces es mucho más grande que la voluntad de recibir con agrado las sorpresas y bondades que nos tiene la vida deparadas.

Cuando estas mal, si se te acercan, cuestionas el porqué. Analizas, indagas y escudriñas las motivaciones "reales" de aquel que quiere estar contigo. Sospechosamente intuyes que algo en esa persona "no va bien" porque si lo fuera, no te hubiese elegido a tí.
Asi de sencillo. Sin darte cuenta, te transformas en tu peor enemigo, aquel que anhela compañia, besos, caricias y abrazos pero que por inseguridad y poco amor propio, aleja de si todo ésto e inclusive, más.

Y es cuando escuchas lamentaciones, diatribas y cuestionamientos. En voz alta y con el corazón parti'o con borbotones a chorros de sangre. ¿Que porqué no me quieren?.  ¿porqué se alejan? ¿Cúal es mi problema? ¿ porqué estoy sola? ¿acaso no merezco que me amen? y la clásica "Que mala suerte tengo!!!" ...Cuando en realidad la suerte no juega ni el enésimo lugar, mucho menos papel preponderante en esta historia ni en sus consecuencias.

Lo único cierto aquí es que si te aman y no lo sientes, si se preocupan por ti y dichos actos o sentimientos no llegan a tu psiquis, el problema no está en quien abraza, sino en quien estaba supuesto a recibir el afecto. Es decir, el problema eres TÚ... o mi persona... o quien quiera que le guste escapar del amor, del afecto, de la entrega. El problema no es de quien se da, sino de aquel que no quiere recibir...

Si no has logrado captar el fluir del amor en tu vida. Si eres incapaz de gozarte un amanecer en compañia, una sonrisa sincera, un guiño de ojos, unas mejillas rebozantes de rubor por tu causa, unas miradas ardorosas de deseo por ti, el vaiven sonoro de un cama al hacer el amor.... si eres incapaz de admirar todo aquello que el otro u otra, tienen y quieren ofrecerte, no solo no mereces el abrazo.... mereces seguir nadando en el más hondo mar de tu autoinflingida soledad.

No añores el abrazo, si no estas preparado para recibirlo.

viernes, 22 de mayo de 2015

Recién caí en cuenta....

   
 Conforme fuí creciendo y mis amigos imaginarios paulatinamente se alejaron de mí sin razon aparente, nuevas rarezas surgieron en mi mente.

Ideas, creencias, sueños, inventos, los cuales defendía como "mi verdad".

Verdades que desconozco de donde las saqué pero que creí a capa y espada  y que defendi como solo yo lo puedo hacer, con vehemencia y pasión absolutas...

    Era fiel creyente en mi primera niñez y temprana juventud, de que todo se podía comprar.
Absolutamente Todo!

Desde un par de manzanas hasta las personas.
En especial, las personas.

Sentia que si al crecer compraba a un hombre, no solo con dinero, sino con el ofrecimiento total de mi cuerpo, caricias, mi tiempo, mis  atenciones, brindando detalles, siendo leal de modo extremo, condescendiente y casi arrastrada, besando el piso por el cual caminase... en fín, dispuesta totalmente a sus pies, ésto me garantizaria conseguir un compañero totalmente dispuesto a hacerme feliz, no contradecirme y actuando como  mi mascota fiel....

Que tendría con un chasquido de mis dedos la fidelidad, el buen humor, sexo constante, compañía permanente y sobre todo lealtad ciega, a toda prueba.

El efecto de comprar un hombre no significaba necesariamente obtener a un ser inteligente, estable, maduro y mucho menos al clásico hombre proveedor o cuidador de mi vida.  Quería más bien,  ir a una repisa... La repisa de la vida y decir, sin más ni más,  "Este me lo llevo! Cuanto cuesta?"

Y pensaba que al crecer, era lógico que me comprase un carro, una mascota, una casa y un hombre. Todo tal cual, en ese respectivo orden y en cierta manera lo logré, aunque mi plan nunca se pareció a mis sueños ni remotamente... Fracasó... incluso antes de iniciarlo.

También creía que los hijos o hijas llegaban  por un acto de
cuasimagía, de un hombre perfecto, casí zombie: mudo, sin aspiraciones salvo estar a mi lado, sin opiniones ni criterio alguno, con excelente sentido del humor quién solo se dedicaría a hacerme inmensamente feliz provocando en mí sonrisas, paz  y satisfaccion.

Pensaba, ilusamente, que al crecer, prescindiría de mis dedos índice y medio derecho, pues con "el hombre que comprase"  los orgasmos "a la carta", solicitados u ofrecidos de manera espontánea, estarían plenamente garantizados.  

Tarde me dí cuenta, luego de muchos tropiezos, caidas, porrazos, que esta invención de "comprar personas" era en realidad una formula perfecta para el fracaso.

Era, y de hecho fue un camino directo al sufrimiento garantizado.

Que el querer comprar a las personas, sobre todo a mis parejas, era una invención basada en una pobre autoestima, en pensar que no merecía nada bueno, que no era capaz de generar en nadie  un auténtico sentimiento de amor, deseo o cariño o por lo menos atracción.

Invención, valga la redundancia, inventada por mí para hacer más llevadera mi realidad interior, que me avasallaba, cuestionaba y humillaba de manera incesante desde entonces.


También pensaba que tener un compañero era la ruta segura para engendrar mis propios hijos. Hijos que solo serían "mios" ya que los pariría con todo el dolor y la parafernalía bíblica que me daba de manera casí inmediata, desde la concepción,  el Poder y autoridad para declararlos de mi absoluta posesión.

Recién caí en cuenta, con casi medio siglo a cuestas, que el amor no se compra, no se obliga ni surge de la presión, la persecución o inspirando lástima.
Que inclusive, la lealtad y fidelidad permanente no te garantiza obtener de vuelta lo mismo.

Que el amor que ofreces no obliga a nadie a quererte. No tiene porque ser recíproco y mucho menos de igual intensidad o cantidad.
Aprendí  más bien que el Amor te libera de ataduras, miedos y problemas no resueltos para lograr finalmente ser, actuar y crecer conforme el camino por el cual tus propios sueños te quieran llevar, acompañada o sola.

Recién caí en cuenta que el compromiso y el cambalache no es real. Son solo una fantasía inventada por la sociedad.

Que solo te perteneces y sobre ti misma puedes gobernar.
Que nadie, ni los hijos ni tu compañero de vida te pertenecen. No son tu posesión ni siquiera estan obligados a permanecer a tu lado. Pueden amarte y a pesar de ello, no entenderte... Pueden amarte y a pesar de ello, no aceptarte...
Cada quien, lo quieras o no, hace su propio camino  y solo eres responsable del tuyo propio al andar. Solamente tú, dibujas tus sendas, marcas tu ruta y defines tu destino.

También recién caí en cuenta que hay relaciones condenadas al fracaso. Relaciones de todo tipo, familiares, amistosas,  amorosas o de negocios, con un inicio incierto y un final aún peor.

     Que hay que aceptar que es más que probable que quien no te quiso, nunca te querrá.
Que quién no te acepta, jamás lo hará y que hay relaciones que no vale la pena, la angustia ni el intento tratar de enmendar.

Que sin rencores ni llantos ni lamentos, sin ganas de vengarte,  hay historias, personas  y lugares que es mejor ignorar, que lo ideal es pasar la página o si se puede, arrancarla del libro de nuestra vida y olvidar que alguna vez existieron.


.... y en cuanto a mis ideas.... En cuanto a fábulas y mitos, creía en la existencia de los duendes. Aquellos seres feéricos, jovencitos, infantiles, hermosos, engatuzadores, de clara piel, cabellos hermosos, mirada picara, carita traviesa y malevolamente seductores, que aparecían en parajes solitarios y encantaban a los niños o niñas sin bautizar llevandóselos lejos de sus familiares, a quienes más nunca lograban volver a ver.

Lo cierto es, que inicialmente pensé que solo habitaban en los bosques lejanos, frondosos del interior de mi país, tales como la montaña imponentemente tenebrosa que se veía a lo lejos desde la casa de mis abuelos en Chiriquí...
Pero prontamente comprendí que estos seres hermosos, carismáticos y aberrantes habitan mundos propios no muy lejanos del nuestro. Que existen en las ciudades, discotecas, universidades e iglesias. Que se agazapan en cualquier esquina fingiendo atenciones para hacerte perder el camino y alejarte en forma definitiva de tu familia, que son de carne y hueso, que besan, acarician, enamoran, prometen y penetran.

Que mienten, engañan y lastiman.   Que se llevan a algunas mujeres con almas de niñas ingenuas. Que pierden a aquellas que malamente creen en el Amor!!! Que los he visto Yo! Lo he conocido!
Y he caido en más de una ocasión en sus embrujos seductores para mi bien inmediato y mi mal a largo plazo.
Que no fue fantasia, que no fue invento... que madure a destiempo, adelantada a mi época, para mi bien, y repito, para mi mal.

Por tanto, esa creencia infantil de la existencia de los duendes aún la mantengo, pero no como seres diminutos de las quebradas y
riachuelos.

No escondidos en cuevas llenas de oro ni con voz de canto angelical.

Y así fuí yo... Inocente, crédula, ingenua.... Soñadora, enamorada y pícara.... Soñando de niña, de adolescente, de mujer joven, jugando a crecer, creyendo en cuentos, fabulas, ideaciones, fantasias e inventos.

Soñando con crecer rápido, en hacerme prontamente mujer  y hacer realidad todas mis metas, absurdas o no.
Creyéndome incapaz de tener fé en mi misma, pero al mismo tiempo y de modo totalmente contradictorio, soñando con conquistar el mundo.

Endeble, nerviosa, frágil e insegura, enfrentándome, como todos, a un mundo lleno de posibilidades, al cual tenia miedo y de más está decir, curiosidad...

Hoy con casí medio siglo a cuestas, añoro esos tiempos. En que la inocencia y la fantasia eran mi norte. En que me creía capaz de cambiar situaciones, personas e historias solo con mi propio poder mental.
Que ilusa era entonces, pero también que llena de vida, de esperanzas y alegria... Tanto, que de vez en cuando pienso en regresar! y claro que regreso.... usando mi poder mental.



viernes, 15 de mayo de 2015

Cuando llevaba el cabello rojo...

Con el cabello rojo a cuestas andaba...cual prostituta barata!

Cabello rojo que bordeaba mi cuello, rozando mis hombros y excitantemente acariciando mi espalda...

Cabello rojo que insistía en enmarcar el delicioso cuerpo de mujer que la Naturaleza me regaló... que niego tener, que grito odiar, pero que está allí para ser visto, apreciado, usado...

Cabello rojo que llevaba, repito "rojo"  solo porque asi él lo deseaba.

Lo llevaba rojo  fingiendo vivir la vida, sonreída, confiada y segura.

Cabello rojo de taquilla triple X, bello, vibrantemente rojo en mí, pero en cierto modo y en honor a la verdad, con el cual fui tan infelizmente feliz...

Me sentí tan vacía, sola y agobiada a pesar de su compañía. Mala, sí... pero compañía en fin...

Estuve pérdida, errante, equivocada buscando estabilidad en el lugar y con la compañía equivocada... y nunca me sentí tan susceptible, temerosa e insegura.

Dentro de un bosque oscuro, tétrico y denso buscaba el tronco, enredada en las ramas.

Desconociendo que en dicho bosque no había árboles, no crecía la hierba lozana ni flores vibrantes, sanas y olorosas. Solo pululaban espanta pájaros y criaturas del mal vivir fingiendo ser lo que no eran, fingiendo sentir  lo que no sentían.


Cuando malamente decidí. llevar el cabello rojo,
todo en mi vida se volvió caos, lamento y entuertos.

La montaña rusa dentro de mí no se detenía, dejándome agobiada, exhausta, derrotada. Sintiéndome en ruinas y viéndome muchísimo peor.

La cuesta era doblemente empinada, cargando a cuestas mi propio peso, de por sí difícil y el de aquel ser inferior, taciturno, oscuro  que encontré en el camino y que obnubiló mis sentidos. Complicó mi camino y ennegreció mi ser.

Es que cuando me atreví a llevar el cabello rojo, mi psiquis cambió.


Mi mundo se volvió color sangre, con pasiones desenfrenadas provocando en mí un olor nauseabundo a podredumbre, muerte y abandono.

Vibraba y moría al mismo tiempo. Vivía por él, muriendo a su lado.

Así fue sin agregar más. Que cuando llevaba mi cabello rojo, se ennegreció mi alma.
Mis acordes se volvieron tenues, vacíos, distantes.

Perdí el rumbo. Fingí fortaleza, seguridad y plenitud, cuando en realidad todo en mí no era más que un saco sin fondo cortado a la mitad, que me empeñaba en llenar en vano.


Es que cuando me atreví a llevar el cabello rojo, solté las riendas de mi vida, entregué mis llaves a un victimario que no dudo un solo segundo en aniquilar mi ser.

Me ahogué. Me perdí. Morí...

Cuando llevé el cabello rojo... Eran otros tiempos. Otros espacios....

Eran inviernos teñidos de veranos, con soles de fantasia y oleadas de calor que entumecían hasta al más vivaz de los mortales...

Cuando llevaba el cabello rojo, caí en cuenta que aquel no era mi color.

No había nacido para llevarlo a cuestas. No me iba bien, no calaba en mí..
Sencillamente no me asentaba...

Lo dejé atrás   y recordé que siempre hay cabida para un cambio, para retomar el camino y desandar mis pasos....




No quiere decir que cambié de vida, pero por lo menos ya no soy aquella pelirroja barata... confundida, errática....  

Soy quizás, peor.


viernes, 24 de abril de 2015

La del espejo…. Esa no soy yo

Alejada de toda realidad, al margen de la vida, de lo que debe ser y no es, de lo que se supone debo sentir y no lo siento… esa a  quien yo veo, esa no soy yo.

Bajo la misma sombra que me absorbe noche tras noche y el brillo que me aturde los sentidos día tras día, siento que me desconozco, que me alejo sin posibilidad de  retorno alguno. 

Me freno. Me espanto. Hasta dónde he de ver un reflejo que no me corresponde?

Con el cual no me siento a gusto... ni a flor de piel.

   Entonces me pierdo, me escondo dentro de mis profundidades. De modo arrogante y consentido, me convierto en oruga con caparazón de tortuga...

Camuflajo  mis costras, manchas, heridas, fealdades y caigo en picada volando, me mareo estando firmemente de pie, despierto soñando que
sueño al despertar  y compruebo una vez más, de manera casí cíclica, con desgano e indiferente hastío, que esa que me observa atentamente... esa no soy Yo.
Aquella que hoy me mira con inquieta curiosidad, asombro y sorpresa, del otro lado del espejo, insisto,  la desconozco y tampoco me animo a conocerla. No tiene nada que ofrecerme, salvo falsedad.

Y es  cuando entonces, me invaden las dudas, temores y desconsuelos. Sin saber si lo errático está en mi ser o en el espejo aquel.  Algo está fallando, hay un desencaje…. pues mi reflejo no me corresponde y mucho menos, me comprende.
Siento que  soy traslúcida, etérea, frágil  o por lo menos eso pretendo ser, pero insiste una y otra vez en mostrar aquello que no soy, un cuerpo mal intencionadamente real, a mi pesar fuerte, brillante y vibrante, dispuesto a hacerse notar… Ese mismo cuerpo con su aura que trasciende, aquel que los demás necesitan ver de mi, pero que no corresponde a mi realidad.

Y me espanto al punto de gritar, no de miedo, sino de desesperación porque desconozco dónde quedo mi ser, en que camino varado, o con quién se encuentra mi verdadero yo, secuestrado, marchito, tiritando de frío. Lo cierto es que en mí no está.

Insisto… con necedad casi frenética,  esa que veo y que me devuelve su mirada,  engrandecida, poderosa, explosiva… esa no soy yo.

Con tanto título que incomoda, la modelo, el ejemplo, la líder. el alma de la fiesta, la segura … esa no soy yo! Empequeñecida, aberrante, difusa y compleja.

Lo soy y no lo veo. Se oculta o fue robada?

Que me conozco desconociéndome, que me comprendo enredándome, que me analizo dejando de pensar enfocada en la nada, que me encuentro perdiéndome sobre mis propios pasos y lo único cierto en esta historia descabellada, que tiene fin más no principio, es que aquella que insisten en ver, esa no soy yo…



    

         

jueves, 2 de abril de 2015

La espera...

Fue su decisión.
Ya no hay tiempo para arrepentimientos. Producto de un impulso, arrebato o curiosidad  y hela aquí una vez más en su eterna espera, sin saber a ciencia cierta qué es lo que realmente la ata a seguir tan absurda relación que la lastima una y otra  vez.

La espera. Cansona. Repetida. Cíclica.... llena de incertidumbres, vacíos, pausas y altibajos...  sin saber cuándo llamará, si es que lo hará. Sin saber cuándo tocará a su puerta, si  es que aparecerá.... Sin saber a ciencia cierta cuánto tiempo se quedará con ella. A dormir? ja! jamás!!!

Y así ha sido por años, meses, horas y en este preciso minuto.

Sabe que ésto funciona porque ella, solo ella lo permite. Porque lleva la carreta y domina sus caballos, aún cuando desconoce el camino a seguir.

Y permanece siempre esperando un cambio de última hora, la cancelación de una cita o un retozón presuroso, contra reloj,  dejando a un lado sus propios orgasmos por complacerlo a él, permitiendo la humillación de la espera  y lo planificado de sus encuentros  porque se siente incapaz de alejarse del todo, porque la sensación de dependencia la supera y el miedo a estar sola la invade cada vez que decide dejarlo.  Que decide dejarlo, más no lo intenta...

Y día tras día es infeliz y también es consciente de ello.
Su cama fría y solitaria se lo confirma.
El silencio de la noche se burla de ella, con sarcástica sonrisa e hirientes susurros burlones.

Ella, quieta, bajo una falsa calma, solo prefiere ignorar las señales e inclusive ha perdido la cuenta de sus llantos, decepciones y lamentos. Ahora solo la invade una fuerte sensación de lástima y verguenza, al dejar que su vida pase, sin control alguno, frente a sus ojos, persiguiendo el afecto y atención de un hombre cual si fuese una quimera.

Inalcanzable. Imposible. Displicente. Así es su espera. Así el objeto de su afecto. Así su hombre. Y lo sabe, lo asume y lo acepta. Con él pero sin él. Así se resume la vida de ella, comúnmente llamada "la otra"...

Cuestionada, señalada, criticada y depositaría de burlas y chistes de mal gusto por doquier, por aquellos conocedores de su verdad oculta pero dominada por terceros a "voces"..... sin detenerse a pensar en sus sentimientos, en sus pensamientos, en la verguenza que ocasiona estar oculta a terceros, en amar sin ser amada, en entregar cuerpo, tiempo y alma sin ser reconocida por amigos y familiares.

Tal vez es odiada. Con motivos y razones de peso, porque eligió mal. Se fijó en el hombre equivocado en un momento inadecuado y dentro de unas circunstancias nefastas, y a pesar de presentir un amargo final, a pesar de todo, se queda. Lo espera una y otra vez. Deseando tener otra vida, otro ambiente. Soñando con ser tres cuando en realidad no logran ser dos. Sola. Vacía. Ajena. Envidiosa pero serena, fría como la Serpiente del Edén.

Sin metas a largo plazo, salvo esperar un golpe de suerte. Sintiéndose masoquista, enferma o sencillamente estúpida, viendo como discurre su vida sabiendo que  él no estará presente en fiestas importantes, momentos tristes o celebraciones espontáneas. Sabiendo que no lo puede visitar cuando le nazca y mucho menos puede llamarlo en horas no "laborables". Y a pesar de las prohibiciones, las "contraseñas"e indicaciones  y las miserias emocionales con que la alimenta, se queda. Insiste.Permanece y espera.  Hambrienta como perra rabiosa deseosa de migajas. Espera.            

Sin conocer las ganancias que nunca llegan. Esperanzada por que se cumplan las promesas, rotas una y otra vez.  Con sueños por realizar.... no hoy, quizás mañana. Y pasa en vela, pensativa pero atenta, distante y discreta. Sin poder vivir su vida, ya que se encuentra prisionera de sus manos, de su encanto y su tiempo.
Sujeta dentro del vaivén de un reloj imaginario que solo ella logra ver y seguir, sabiendo que ese es su papel, esperar su tictac en el preciso momento y lugar..

Hoy fue una tarde fatal, pero mañana amanecerá. Y tendrá mejor semblante, con una sonrisa  en sus labios y fuerzas renovadas. Hermosa, vibrante, coqueta. Preparada de pies a cabezas.

Solo pendiente del teléfono y la puerta.
Atenta a seguir las instrucciones. Más bonita y complaciente que nunca, sigue a lo oculto.
Como le toca, a la espera.    

viernes, 27 de marzo de 2015

DÉJÀ VU

Es cierto y existe.
Ese tipo de sexto sentido,  "déjà vu" o temor sin aviso...

Esa sensación de una tierna pero espantosa vocecita dentro de tu cabeza que te despierta de golpe y te dice que corras porque el techo bajo el cual te cobijas, está próximo a ceder, dejándote lesionada tras los escombros, la miseria y las ruinas.


Ese recorrido frío y punzante en tu columna vertebral que recorre toda la espalda, que te anuncia sin temor a dudas que has de cuidarte de una situación específica o de un sujeto en especial. Que te recomienda te alejes, protejas y en el mejor de los casos, te escondas....


En ese momento es inevitable que agaches la mirada o sonrias falsamente mirando hacia otro lado. Es tu manera de apartarte de aquello que no te ha hecho daño, pero sabes con seguridad absoluta  que lo hará...

Es ese escalofrío inconfundible  que carcome tu ser y que no sabes de dónde sale y mucho menos, el porqué, pero lo conoces y sabes que es premonitorio.... de un mal desenlace, de un triste final.

Es esa sensación previa, que de haberle prestado atención, te hubiese evitado miles de dolores de cabeza. Esa sensación que evitaria en el futuro de varios seres humanos, la célebre frase "yo te lo dije... te lo advertí"...

Llámese intuición, Angel de la Guarda o sencillamente pájaro de mal aguero... pues bien,  llevo dos días sintiéndolo, justo cuando paso a su lado.


Cuando me sonrie ampliamente, no solo de labios sino también de miradas.... Mientras más se iluminan sus ojos por mí, peor me siento. Su saludo fraternal lo veo como el beso de Judas o el falso cobijo del Lobo disfrazado de abuelita en aquel tan conocido cuento.

Y el "repeluz" aparece. Un estallido repentino y mi cuerpo se crispa con su sola presencia.

Aclaro, no  es deseo, inquietud ni curiosidad, es sencillamente miedo, asco, temor. A qué?, no se!!!

Es este el misterio. No saber qué esperar, cuando en realidad no deseo esperar nada, no necesito esperar nada y por el contrario, solo siento unas ganas instintivas de poner mucha tierra de por medio entre él y mis huesos.

Se que esconde algo y lo huelo, lo percibo, a través de palpitos, como una maldad pura e insana...

No tengo pruebas, tal vez nunca las tendré.
Tampoco motivos para sentir esta adversión. Pero allí está y no se aleja...
Es una especie de señal de "Alto" en rojo estridente y  tamaño considerable, la cual es imposible obviar o evitar.

¿Me estoy dejando arrastra por fantasmas imaginarios?
¿Poseo acaso algún tipo misterioso de intuición? o sencillamente me rendí ante mi  solapada locura?

Desconozco las respuestas a estas interrogantes.

Por lo pronto solo se que una enigmática fuerza me obliga a alejarme de él por mi propio bien, mi paz física y mental.



Y distinto a pasados momentos u otras épocas, en que la impulsividad y la ceguera emocional eran mi norte, esta vez  me dejaré guiar por mi niña interior, aquella que todo lo ve sin ver, que todo sabe sin indagar y al mismo tiempo todo lo habla, callando...

Aquella niña interior quien guia mis pasos y me hace recordar que si no me cuido yo, nadie lo hara por mi.

Tengo un poder ilimitado porque me conozco mejor que nadie sobre este mundo y presiento que me hará daño... Solo una estúpida evita sus presentimientos y cae en pos de la desgracia preanunciada, y Yo... Yo de estúpida, no tengo nada....   .