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viernes, 27 de marzo de 2026

ACTO DE AMOR

Aquella madrugada tortuosa no fue un final, fue un acto de amor en silencio.

La casa dormía. Y en ella sus inquilinas.

El aire estaba quieto, como si el mundo hubiera decidido no interrumpir.

Las niñas descansaban, envueltas en la inocencia de los sueños, ajenas al temblor que empezaba a recorrer el cuerpo de su madre.

Ella abrió los ojos y supo que algo no estaba bien.

No era el cansancio de otras veces, ni el eco conocido de los tratamientos.
Era distinto. Profundo. Inexplicable.

Se incorporó con cuidado, respirando como podía, sosteniéndose en su propia voluntad.
Y en medio de ese malestar que crecía, pensó en ellas. Como siempre: en ellas.

Caminó despacio. Cada paso era un esfuerzo, pero también una decisión.
Llegó hasta la puerta… y se detuvo.

Las miró desde lejos.

Allí estaban, dormidas, en paz. Risueñas e inocentes. Ajenas al malestar que la consumía a una velocidad antes desconocida para ella.

Pudo acercarse.
Pudo rozar sus mejillas.
Pudo darles ese último beso.

Pudo. Pero no lo hizo. Las imagino jugando en sus sueños...

No lo hizo. No porque no quisiera…
sino porque en su corazón aún vivía la esperanza de volver,
de regresar, de abrazarlas después, de darles todos los besos pendientes y un poco màs.

Y, al mismo tiempo, en lo más profundo, algo le susurraba que tal vez no sería así. Un frio le nublo aquella esperanza y ese presentimiento silencioso, eligió lo más grande: protegerlas.

No las despertó.
No llenó ese instante de angustia.
No dejó que el miedo tocara su descanso.

No deseaba que la viesen sin aliento, cansada y asustada.

- “Dios, ¿por qué me siento tan mal?”, se dijo para si susurrando, viéndose frente al espejo del baño. 

- “Que pálida y deshecha me veo. Dios. 

Repetía para sus adentros 

- ¿por qué me siento tan mal?”  No como una queja, sino como quien busca entender lo que el cuerpo ya sabía.

Y aun así, no se detuvo. 

Se alistó.
Se sostuvo.
Buscó ayuda.


Hasta en ese momento, cuando su cuerpo comenzaba a rendirse, su corazón seguía firme en un solo propósito: ellas.

Porque el amor de una madre no se mide en despedidas,
sino en todo lo que hace para que sus hijos no sufran.

Y así fue.

Mientras el tiempo avanzaba y su cuerpo luchaba una batalla invisible,
ella seguía cuidándolas… incluso desde la distancia, desde el dolor. Incluso desde la inconsciencia.

No hubo gritos.
No hubo despedidas que rompieran la noche.
Solo una decisión silenciosa, inmensa:

dejar ese beso en pausa…
guardado en la promesa de un después que deseaba,
aunque su alma, en un rincón callado, temiera no alcanzar.

Y aunque el mundo parezca decir que ese fue su último día, 

que presentía la muerte de forma consciente, 

que fue egoísta al no despedirse, 

que porque sintiéndose tan mal no corrió, 

que decidió irse … 

la verdad es otra.


Salió pensando en sus hijas

Lucho y protegió hasta el último momento
No se fue en abandono.

Ese día, esa madre hizo lo que hizo toda su vida:

Amar y cuidar… hasta el último latido de su corazón.

 


sábado, 27 de diciembre de 2025

Si muriese hoy.


Si muriese hoy,
estoy plenamente preparada para la noticia.

La espero
desde hace muchos años atrás.

La vi venir
cuando yo era microscópica,
cuando avanzaba hacia mí
con ojos de furia y fuego,
cuando su boca
solo sabía escupir propano.


Siempre fantaseé con este momento:
una llamada,
una visita,
una frase breve:
Ha muerto, lo siento.

¿Lo sientes tú?
¿O por qué habría de sentirlo yo?

Fue una persona,
o más bien un personaje,
experto en hacerme habitar
toda la gama de emociones torcidas:
ansiedad,
nerviosismo,
incertidumbre,
miedo,
asco,
dolor.

Un paraíso inexistente
sumergido en el infierno.

¿Qué consecuencias tendré cuando muera?
No lo sé.
Habrá tiempo para adivinarlo.
Lo único cierto
es que no debo morir yo primero,
porque mis letras
descubrirán el horror
hoy escondido en ellas.


Mi gaveta.
Sí.
La primera de la izquierda.
Merece ser publicada,
por talento
y por venganza.

En mis escritos no se salva nadie,
menos aún los adultos
que debieron cuidarme.


Se acaba el año
y todavía por ahí anda:
prepotente,
altivo,
seguro.

Como si aquí no hubiera pasado nada.

Arrastrando su cola larga
de vidas destrozadas,
tarareando cuentos de maldad,
dejando familias rotas
y corazones sangrantes.

Por ahí anda,
ajeno a todo,
o al menos eso aparenta.



Pero cuando llegue ese momento —
la llamada,
la visita—
anunciando que todo terminó,
yo tendré listo
mi traje de colores.

Porque será día de fiesta
y nadie me impedirá
que a todo pulmón
cante El Manisero
de Antonio Machín.

Será reivindicación.
Será triunfo.
Será la prueba
de que sobreviví.

Y si no sobrevivo,
abran la gaveta.
La primera de la izquierda.


Les aseguro
que ese mismo día
caerá el inmortal
que dañó tantas vidas a su paso:

último bastión de victoria
de una niña
a la que le impidieron defenderse
desde el primer día
en que nació.

        

viernes, 11 de julio de 2025

EL CHOQUE.

Voy por la vía correcta.

No hay letreros de alto.
No hay señales de advertencia.
¿Para qué frenar?
¿Por qué tener precaución si conozco la calle?

La ley me asiste.
El sentido común me acompaña.
La suerte... la razón, quizás, me sonríe.
Y la voluntad de Dios me permite seguir.

Voy feliz.
Pensando: “Este será mi día”.
Mi momento.
Mi hora buena.
El punto exacto en el mapa donde todo está bien.


Pero de pronto, sin aviso,
sin anticiparlo: un golpe brutal.
Seco.
Violento.
Inesperado.


Un carro viene de la derecha.
Salido como alma que no es de Dios.
No miró.
No pensó.
Rápido. Como un animal desbocado, me enviste.

Me enviste con la fuerza de quien ignora el respeto,
sin precaución, sin lógica, sin freno.
Como si yo no existiera.



Mi auto gira, da vueltas,
se convierte en trompo.
Ruleta.
Danza salvaje sin música ni control.

Y mientras ruedo, como en cámara lenta,
mientras el mundo se desarma en colores rotos,
mi mente se abre a un espacio entre el caos y la conciencia.

¿Es suficiente manejar bien?
¿O hace falta también leer mentes,
detectar miedos ajenos,
intuir intenciones ocultas tras un volante?  

¿Se puede prevenir el caos?
¿Anticiparse al otro?
¿Adivinar sus ganas de morir o de matar?
¿Se puede huir de quien te hará daño?
¿O el destino se burla de nuestras precauciones?

Filosofía urgente de segundos que saben a semanas, que parecen años.
Reflexiono entre las vueltas. Y me aboco a mí.

¿Fui justa?

¿Hice reír? ¿Fui útil?
¿Cumplí con lo que debía?
¿Qué dejé sin hacer?
¿Qué debí decir más fuerte, más claro, más de frente?
¿Amé con la intensidad que exige la vida?
¿Dejé huellas o solo pisadas que el viento borrará?

¿Y si este es mi final…?

Me asalta una duda punzante:
¿Mi ángel de la guarda...? ¿Estaba cansado ya?
¿Se distrajo? ¿Se hartó de protegerme?
¿Se hartó de mi ceguera?
¿Decidió que era hora de soltarme?

Y me pregunto, por los otros, por ti, por ellos, por él:
¿Alguien me extrañará?
¿Qué extrañarán de mí?
¿Quién me llorará?
¿Mi risa? ¿Mis enojos? ¿Mis historias largas y mis silencios tercos?
¿Mis abrazos, mis reuniones, mis canciones favoritas?
¿Mis caderas, mi olor, mis jadeos?

¿Quién dirá mi nombre en voz baja, con un nudo en la garganta?
¿Dirán algo frente a mi féretro...?
¿Confesiones tardías...?
¿Alguien se acercará, sin consuelo, a decirme lo que nunca se atrevió?
¿Tú llorarás, mientras otro respirará en paz?

¿Se hablará de mí con nostalgia o con alivio?
¿Seré un punto de sal ante el mundo?
¿Dejaré un legado?
¿O solo un perfil congelado en redes sociales...?
¿Una enseñanza, una frase que alguien repita alguna vez como si fuera suya?

¿Imprimirán fotos mías...?
¿Bailarán por mí...?
¿Fornicarán en mi nombre?
¿Brindarán con ron?, lanzando un poco al suelo: 
"¡Por ella, la loca, la valiente, la terca, por la que ya no está!"

Y la gente…
¿Se llenará la iglesia de hipócritas...?
¿O será un solar vacío con mi madre e hijas…?

¿Mis hijas ya están listas para seguir sin mí?

¿Mi madre podrá resistir este adiós?

¿Mi muerte pesará...?
¿O pasará como una hoja suelta en el ruido del mundo?
¿Se sentirá mi partida como un derrumbe?
¿Seré una noticia más en el hilo de la vida ajena?
¿Mi muerte impactará más que a mí misma, que la perdí de golpe?


Y en medio del giro, del giro y del giro,
en ese vaivén hacia lo incierto, entiendo que somos frágiles.
Y que se me acaba el tiempo.
Y que un solo suspiro nos separa de la eternidad.

¿Cuánta incertidumbre cabe en un vuelco?

¡Cuántas ganas de vivir siento muriendo!

Y si no sobrevivo…

cuando el carro finalmente se detenga…
cuando todo quede en silencio…
cuando el mundo se vuelva a poner de pie,
cuando esté rodeada de fisgones grabando el suceso,
llorando por una extraña vuelta,
nada en la nada...


¿Qué quedará de mí?
¿Quedará de mí algo más que el eco?

Ojalá al menos quede intacta.

Maquillada.
Bien peinada.
Con el brassiere sujeto
y el panti cubriendo mi abdomen.

Para que quienes me vean digan:
"Qué joven. Qué guapa. No merecía irse así."

miércoles, 7 de enero de 2015

El Indigente.

Te observo con asombro y pesar.

¿Dónde está el joven aquel, atractivo, corpulento, inquieto que conocí y amé?

Tan vivaracho, bailarín y fuerte que engañaba con su carisma cuidadosamente elaborado a grandes y pequeños, que encantaba a todas con solo el brillo de su sonrisa y la humedad de sus labios...

Recuerdo tu cuerpo, tus gestos y modo desenfundado de andar... tu seguridad falsa disimulada como "poco importismo" al tratar, al mirar.

Eras todo un rufían, siempre lo fuiste pero encantabas....con tus mentiras, con tus disfrases y tus excusas siempre inventadas!

y que decir, de lo "Don Juan" que resultastes... por decir lo menos.  Siempre tras las faldas de alguna mujer, de una nueva conquista, dejando a tu paso, suspiros, lamentos y corazones destrozados de aquellas que en tí confiaron... Mujeres que al final  terminaron odiando el día  que te conocieron y se dejaron enredar.

Tú siempre tan activo y jugueton, aún cuando fueses algo mayor.  Eras un "niño grande", mimado en el fondo, aún cuando nunca lo reconociste...

Quienes te odiaban, lo vaticinaron: "Ese muchacho terminará mal, muy mal!!!", "Tal vez termine de "recoge latas" " decían desde sus ventanas las vecinas al verte pasar con tu sonrisa sarcástica que se convirtió, con el pasar de los años, en tu sello de identidad.....

Con tristeza y algo de enojo, he de reconocer que terminaste peor que las más nefastas predicciones... Y Yo...yo aposté a tí, sin siquiera dudarlo. Veía tu "estrella", te sentía diferente!!! Adoraba tu audacia, tus ocurrencias, tus desvaríos...  hasta tus equivocaciones.

Muchas personas apostaron a tí. A tu favor, al punto de la idolatría. Pensabamos  que tu "viveza callejera" te llevaría lejos... que  tu "inteligencia no explotada" saldría a relucir el día menos pensado, a tu favor y para acallar a las viejas bochinchosas que no daban "un real" por tí.

De modo muy personal siempre creí que llegaría tu momento de éxito, de brillar y sobre todo de aquietarte...de "sentar cabeza" como dicen los viejos y como me expreso Yo ahora, con casí medio siglo a cuestas...

Pensé "cuando se canse de saltar, de inventar, de tremenduras.... le irá bien", "tiene todo para ser feliz: juventud, belleza, inteligencia, salud y fuerza"...

De todas mis expectativas, sueños e ilusiones, ninguna.... ni una sola se cumplió... Poco a poco, pero con seguridad fuiste matando la fé y el amor que las personas te profesaban. Aniquilastes corazones, sueños y esperanzas. Transformaste sonrisas y ojos de aprobación en muecas retorcidas de rabia, de asco y miradas de decepción y desesperanza... Solo tú, sin ayuda de nadie, con tus decisiones alocadas, con tus impulsos perversos y luego con tu maldad innata!.
Siempre maquineando cual ayudante del mal, siempre haciendo daño sin aparente explicación.

¿Cómo pude yo soñar con un destino diferente para tí?
¿Cómo pude ser tan ilusa e inocente en creer que tu final no sería éste al que ahora me enfrento?

Me duele en lo más profundo de mi alma, pero he de reconocer que con tantos dones en tí, todos se escondían, se empequeñecían ante tu gratificante sensación de hacer el mal a todo aquel que bajase sus defensas de modo inocente ante tí.  


... y llego ese momento en el cual no podía disimular tus faltas. Eran evidentes, llamativas y demasiadas.
Traté de justificarlas, y caían sobre mí abalanchas de pruebas que desenmascaraban tus andanzas... que mostraban tu verdadero rostro, el que yo trataba de ocultar día tras día, ante extraños y propios.

Siempre minimizando tus errores como tropiezos juveniles, luego con excusas y perdones deliberados, tan falsos que ni yo me creía,  escudándome  en las malas amistades y en un poco de mala suerte...
Explicando que siempre estuviste en el momento equivocado haciendo lo que no querías hacer, pero que te empujaron...

y henos aquí, frente a frente... años despues. Nos topamos en la calle y entre la sorpresa y el disimulo, la tristeza no me permite reconocerte. No es el tiempo pasado, no es lo distinto, ni siquiera lo acabado... Siendo tú has dejado de serlo... Eres solo una sombra que vaga... eres derrota, desvarío, ausencia...  Es lo triste de tu andar, la melancolía de tus pasos, lo gris de tu mirar y las hendiduras de tu alma que hacen aún atractivo tu demacrado rostro.

Y me digo, qué hiciste de tu vida! Cuantos dones desperdiciados! Cuantos sueños rotos por tu causa!
Cuantas noches sin dormir por tu memoría!.Cuantas preguntas sin respuestas! Cuanto amor, si! cuanto amor que se quedó en la orilla esperando que tú lo recogieras!

No me parece justo, para tí ni para quienes te amamos que pulules como macabra sombra en las esquinas de la calle que antes albergaba tu casa. Que recorras ahora con pasos zigzageantes y temblorosos esas calles que te vieron crecer, correr, reir y enamorarte.

Ruego a Dios no volverte a ver. No cruzarme en tu camino. No volver a ver tu rostro con esa mirada sin tiempo, sin ilusiones y con ese vacio eterno....
No quiero verte en esta condición, reducido a menos que la nada. Deplorable, disminuido, ensimismado cada vez más...

Es por ésto que te agradezco tu decisión de partir.  De no luchar más. De no dar de qué hablar. De no acumular aún más malos recuerdos.

Sabia decision de rendirte ante lo inevitable, sabiendo con seguridad que no cambiarías y que ya nada en tu destino podría tener un feliz final.       

Hoy, años despues,  te veo en los rostros de aquellos indigentes que pasan a mi lado, de aquellos que me piden un "dine, un cuara o un centavo". Te siento al tocar sus ásperas manos y llega hasta mí tu calor con el aliento caliente y nefasto de sus cuerpos...

Ellos siguen luchando. Su día a día,  su procesión, su calvario por sobrevivir...

 y tú, astutamente desde que estrella me miras?

Inteligente, vivaz hasta a la hora de partir!!!  De irte a lo callao sin chistar, temprano antes de tu inevitable final ...



Pocos te lloraron. Muchos se sintieron aliviados.

Yo me siento en paz por que con tu temprana despedida, lograstes acallar las premoniciones de las viejas aquellas que apostaban con seguridad cual seria tu final.

Final que nunca vieron. Calles que nunca recorriste.Triste espectáculo que para nadie interpretaste porque fuiste inteligente, vivaz una vez más!
Hasta a la hora de partir de este mundo terrenal! 

sábado, 3 de enero de 2015

El Salto al vacío... Pesadilla y despertar.

Una a una fue quitando las paletas de vidrio.

Se enfrentó a una ventana totalmente desnuda, sin obstáculo alguno entre su apartamento y el vacio...

Se aproximó con la cautela de un felino y se posesionó sobre ella.

Siempre le tuvo respeto, curiosidad y un disimulado anhelo. Logró sentarse en el marco... Sentada al borde de su ventana, solo atinó a observar la inmensidad del Cielo frente a ella. El cerro lucia más cerca e imponente. Las personas abajo, miserables, poca cosa, ajenas a su dolor y el mar mucho más inconquistable.

Solo la separaban de su ventana al pavimento distante y duro, la Ley de la Gravedad. Infame ley que te impide volar, alcanzar los cielos, conquistar tus miedos sin lastimarte.

Ella, sin nervios, fría... en si, vacia,  observó como sus músculos de modo inconsciente se pusieron tensos, tal vez ante la premonición de que éste sería el último, no, el peor de todos los errores cometidos hasta ese momento.

Que de saltar ya no habrían consecuencias, dramas ni enredos, solo conclusión, fatalidad y silencios. 


Y se vio saltando al vacío... dejándo atrás la pérdida que la atormentaba, que la hizo sufrir y la sacó de su realidad. Dejando atrás el desinterés de algunos, la frialdad de otros, a quienes minimizaron su dolor, el desprecio que sufrió y a aquellos bien intencionados que le dieron la espalda abandonandola a su suerte totalmente sola y frágil...

También visualizó los buenos momentos, las personas queridas, las lecciones aprendidas, su fortaleza ahora fraccionada, las amistades convertidas en familia, su amor por la noche, la lluvia, la hierba, el cuerpo masculino, la lectura, la música y el baile. observó como esos momentos iban quedando atrás... con nostalgia, con tristeza... Sintiendo una gran culpabilidad por no apreciarlas en su justa medida, años atrás....  

Se reconoció, con una sonrisa delatora, eterna y perdidamente enamorada. Con rostros distintos, cuerpos variados y nombres cambiantes, pero siempre enamorada. Siempre tras la ilusión del Amor... Y reflexionó, "Si el lanzarme, ¿es realmente una opción?",  "¿Si pierdo más dejándome llevar por el vacío que me llama y me enamora de modo embriagante?"

Trató de meditar, a lo rápido, pero sus pensamientos no eran del todo claros... se entrecruzaban cual dos mentes con vidas propias e independientes.

Una con ganas de vivir, de quedarse un tiempo más

... Otra animándola a partir... "Se te hace tarde para descansar... Solo toma un impulso y todo terminará... que te detiene? si entre el hoy y el mañana, existe un vacío, la nada, la eternidad"

Sentada... a 23 pisos de altura o un poco más...las dudas de último momento la absorbían. La consumía el
tomar la decisión de saltar... no por temor, sino por el dolor que se causaría...
¿Se desintegraría? ¿Dolería? ¿Y si no era exitosa y su mundo a partir de este fallido intento la condenaba a estar muerta en vida, arrepentida por siempre?

Su mente se hundió en aquello que  poco le ha importado, el qué dirán... Y una vez, ésto termine, "¿cómo me verán, qué dirán de mí? ¿Cómo me recordarán?, ¿Dejaré sonrisas y recuerdos? o solo,  ¿verguenza, señalamientos y culpa?"

Nunca le habia importado lo externo y en su último momento, ocupaba su espacio obnubilándolo... permeando su decisión ya tomada.

Pensó: "No hay que dejarse confundir en este momento. No en éste"!!!

Y saltó...

Saltó con una sonrisa en los labios, una lágrima en sus ojos y mil cuestionamientos en la mente, sin despedirse de nadie, salvo de su propia conciencia.


Saltó al vacio y se dejó llevar por la fuerte presión que la empujaba de manera acelerada a estrellarse en breve con el pavimento. Éste que "con risa pasmosa" la esperaba, ansioso.... presuroso... de verla en él estampada, destruida, convertida en nada... en una mancha amorfa más que le pertenecería.

Una mancha igual a la de otros cobardes que se le antecedieron...

Irónicamente al ir cayendo, no vio  su vida pasar frente a sus ojos en forma de película constante ni siquiera como pequeños retazos de ella...


Solamente podía visualizar el mar, oscuro, denso y pausado... con olas suaves que iban y volvían y en cada impulso, un recuerdo... un momento... apoyo.... cuidados... sonrisas... orgasmos.... abrazos y besos... aplausos y ojos de admiración y orgullo....


Cayó en cuenta, demasiado tarde, que habían sido mayores los buenos momentos. Que la vida le habia regalado gratificantes experiencias, que ya nunca más podría atesorar... ni soñar con repetir...

También se imaginó el futuro, que había maltrecho con su salto al vacío y que ya era imposible de forjar: se vio amada, con hijas o hijos, de cara al viento apostando a la honestidad, a la tranquilidad y a trascender en quienes tocase en su caminar por la vida, en lograr que sintieran orgullo de haberse topado con ella...

Ya en vano... Un golpe sutil, seco. En verdad corto.

Pensó sería peor... ya no existía dolor, solo un silencio eterno y  una infinita negritud, sin luces blancas que seguir....  sin pensamiento ya, sin emociones, sin sensibilidad... se había convertido en nada, cual vela extinguida a causa de su propio calor!

Todo había acabado... sin grandes espavientos ni  dantesco final.

Sin drama. Sin miedo. Sin novedad. Como si un "switch" hubiese hecho corto sin más ni más...

De pronto, un cosquilleo, una caricia, una palmada... allí estaba su madre...

"Te amo. Buenos Días! Disculpa que te he levantado, solo queria que recuerdes que TE AMO  y estoy aquí a tu lado"...